Recientemente se ha vuelto a abrir el debate sobre uno de los principales factores a los que comúnmente se asocia el bajo crecimiento económico de México: la productividad. Si bien los encargados de la formulación de políticas públicas durante los últimos años han incluido en su agenda el desarrollo de mecanismos para incrementar la productividad, aún no se han materializado los resultados que permitan potenciar el crecimiento económico.

En el 2013, el Inegi publicó el proyecto regional LA-KLEMS en un trabajo en conjunto con la OCDE y la Cepal. Este trabajo resulta interesante, debido a que permite analizar la dinámica de las fuentes de crecimiento económico a través de los insumos primarios e intermedios: capital (K), trabajo (L), energía (E), materias primas (M), servicios (S), así como la productividad total de los factores (PTF).

Habitualmente cuando se lleva a cabo un diagnóstico de la baja productividad en México, las conclusiones tienden a converger y no presentan contrastes sobre el detalle de los factores que contribuyen a este suceso. Es por ello que el proyecto KLEMS abre una oportunidad para explorar minuciosamente dichos contrastes y profundizar en el análisis sobre la causalidad entre el crecimiento económico y productividad.

Los datos del KLEMS muestran que de 1991 al 2016 la tasa promedio de la PTF total de la economía ha sido negativa (-0.35 por ciento). Una posible explicación a ello radica en la falta de alineación en las políticas de desarrollo de mediano y largo plazos en las agendas económicas que se han implementado. Sin embargo, cabe señalar que el único periodo consecutivo de crecimiento de la productividad tanto en el sector secundario y terciario fue 1996-1998, en donde el PIB experimentó una tasa promedio anual de crecimiento de 6.3 por ciento. De manera inmediata, se antoja conveniente preguntarse: ¿qué subsectores contribuyeron a ese dinamismo? Para el sector secundario: la fabricación de equipo de transporte, construcción de obras de ingeniería civil y fabricación de equipos de computación y comunicación; mientras que para el terciario influyeron: telecomunicaciones, servicios financieros y de seguros, así como los servicios de almacenamiento.

Adicionalmente, en un estudio llevado a cabo por investigadores del Banco de México (Torre y Ramos, 2015) con datos del KLEMS, se encontró evidencia de que el crecimiento económico también genera incrementos en la PTF. Particularmente en el sector terciario esta relación es más marcada, mientras que en el sector secundario la relación de causalidad se da a la inversa.

Por lo tanto, es posible anticipar que incrementos en el ingreso disponible tendrán incrementos positivos en la productividad del sector servicios, mientras que para dinamizar al sector secundario se tendrá que llevar a cabo un análisis más ambicioso que permita identificar sectores que de manera transversal incrementen la productividad. Debido a ello, la conceptualización y el diseño estratégico resultan ser pieza clave para la elaboración de políticas económicas. El reto para el próximo Plan Nacional de Desarrollo se encuentra en transformar las condiciones del crecimiento artificial, tomando ventaja del poder de la productividad.

El autor es Fixed Income Portfolio Manager en Asset Management BBVA Bancomer.