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En el limbo, 2.2 millones? de trabajadoras domésticas
Ellas realizan hasta 38 tareas, dicen expertos. Quizá?sean más: cuidan a los niños y el hogar, cocinan,? lavan, planchan, tiran la basura, surten la despensa...
A fines del 2012, había 2 millones 202,107 trabajadoras domésticas en México, según el INEGI. Son un poco menos de 5% del personal ocupado en nuestro país. Podemos hablar de ellas en femenino porque 90% es mujer.
¿Les sorprendería saber que se trata de la actividad con mayor nivel de informalidad? Seguro que no: 97 de cada 100 son informales.
Ninguna otra actividad alcanza una proporción similar. Apenas, hay un poco más de 64,000 trabajadoras domésticas en la formalidad.
Son un sector desprotegido, reconoce la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Desprotegido por los usos y las costumbres, pero también por las leyes y por sus características. La mayor parte de sus actividades ocurren al interior de una casa, a puerta cerrada.
Durante gran parte del día, son invisibles. Están expuestas a malos tratos y sufren el riesgo de explotación económica. En México, ocho de cada 100 no saben leer ni escribir. Son más denunciadas que denunciantes; más en lo penal que en lo laboral , me explica un abogado.
Es una actividad infravalorada e invisible, indica la OIT También, para el sector académico. No representan un tema relevante de estudio, a pesar del enorme impacto que sus tareas tienen para algunos de los grandes temas, por ejemplo, productividad familiar y equidad de género. La incorporación masiva de mujeres profesionales al mercado laboral y su desarrollo serían impensables sin el respaldo de las trabajadoras domésticas.
Ellas realizan hasta 38 tareas, dicen los expertos. Quizá sean más, dependiendo de cómo se haga la lista: cocinan, lavan, planchan, cuidan a los niños, vigilan el hogar, surten la despensa, tiran la basura y atienden los?imprevistos, entre otras muchas cosas.
Está claro que son cientos de miles, que realizan actividades fundamentales y que son vulnerables. La cuestión es ¿qué hacemos para resolver esto? Vamos rezagados frente a nuestra región: Colombia, Uruguay, Costa Rica, Perú, Brasil y Argentina han trabajado en los últimos años para crear legislaciones modernas o, quizá, posmodernas. Otorgan derechos tan básicos como el de conocer el nombre completo del patrón o patrona para el que trabajarán y la definición concreta de las tareas que está obligada a realizar.
En este asunto, México destaca por su entusiasmo en los foros internacionales y la apatía en el espacio interno. En junio del 2011, nuestro país impulsó y votó en favor del Convenio 189, relacionado con las trabajadoras y trabajadores domésticos, en la Conferencia Internacional del Trabajo.
El Convenio obliga a los países firmantes a regular el trabajo infantil en el hogar, pone límites a las horas que se pueden trabajar, define la obligatoriedad de un salario mínimo pagadero en efectivo y las vacaciones anuales pagadas. Adicionalmente, establece criterios para regular las agencias de trabajo privadas que contratan o colocan trabajadores domésticos.
Dos años después, este Convenio no ha sido ratificado por el Senado mexicano. El hacerlo no resolvería mágicamente la situación, que es extremadamente compleja, pero sentaría las bases para dignificar el trabajo de poco más de 2 millones 200,000 personas.
No es poca cosa, en algunos casos significará pasar del siglo XIX al XXI.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx