En esta columna hemos señalado debilidades en varios conceptos, como la eficiencia económica, y medidas, como el PIB, utilizados en la economía moderna y que son usados para la toma de decisiones de gobierno y negocios por igual. Esta debilidades necesitan ser analizadas y corregidas para que la economía como ciencia social contribuya a enfrentar los grandes desafíos de la sociedad actual.

La economía moderna es aplicada a un amplio espectro de la actividad humana incluyendo la administración de los procesos productivos; los procesos de distribución, intercambio y consumo hasta los aspectos financieros involucrados en esas actividades. Premisas usualmente indiscutidas como racionalidad del individuo, maximización de utilidades, comportamiento en el agregado como la suma de comportamiento de individuos y reversión al equilibrio son la base de los modelos económicos utilizados.

En la realidad, las preferencias individuales, el comportamiento en sociedad, las políticas nacionales e internacionales, adaptabilidad de los agentes económicos ante nueva información generada y la retroalimentación de información entre distintas áreas de la actividad humana no se ven totalmente reflejados cuando se construyen dichos modelos económicos. Tal vez porque todo esto es complejo pero también porque en esos mismos modelos hay un supuesto muy fuerte de que eventualmente las cosas regresan a una “normalidad”, a un equilibrio, lo cual claramente no se cumple.

Estos modelos simplificados y estilizados, que han sido utilizados por más de 40 años para explicar fenómenos y dictar políticas, generan distorsiones las cuales se manifiestan en pobreza, desigualdad y daño ambiental, entre otros. Como evidencia se tienen la crisis financiera del 2008 provocada por el incumplimiento de reglas financieras y el comportamiento irracional de los agentes económicos y las debilidades del sistema económico que la crisis derivada por el coronavirus puso de manifiesto.

Si bien los principios usados comúnmente en economía son justificados, útiles y, en el mejor de los casos, correctos a nivel local, el problema empieza cuando no funcionan globalmente y se trabaja bajo el supuesto de que hay una relación simple, casi lineal, entre los principios y los efectos económicos y sociales. Un individuo racional no contamina el agua que va a beber, pero en conjunto nuestras acciones han llevado a contaminar lagos y ríos, fuentes del vital líquido.

No obstante, la afirmación de que el individuo sólo está interesado en maximizar sus utilidades de corto plazo –por encima de consideraciones de impacto social es justificado y hasta frecuentemente observado– en la realidad los individuos optimizan con información incompleta y con falta de conocimiento del alcance de sus decisiones. Explicar el impacto de decisiones individuales en la sociedad, la interconexión entre diferentes agentes económicos y la evolución de los fenómenos económicos va a necesitar un pensamiento más creativo y complejo de lo que estamos acostumbrados.

Es importante buscar modelos que tomen en cuenta variables medibles y reales, cuyo cálculo sea repetible al menos en un sentido estadístico y que puedan determinar la causalidad entre los distintos fenómenos de la actividad humana. Esto nos permitirá entender el impacto de las acciones individuales en fenómenos económicos, ambientales y sociales.

Para tener una oportunidad de ayudar a resolver los problemas tan variados como el cambio climático, acumulación excesiva de riqueza o fragilidad en los sistemas financieros, se necesita abordarlos desde un enfoque distinto, donde economistas y científicos trabajen de la mano para encontrar mejores modelos económicos, que aunque complejos estén más apegados a la realidad.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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