De pronto, Mitt Romney es un candidato competitivo a la Presidencia de Estados Unidos. La semana pasada con todos los pronósticos derrotó al presidente Barack Obama en el primer debate de candidatos presidenciales. Desde entonces, ha ido ganando consistentemente terreno a Obama en la ultimas encuestas de preferencia electoral, incluso algunas lo ubican como el favorito. No así en Intrade, el mercado global de predicciones, donde Obama sigue siendo el favorito de los especuladores, aunque por un margen menor que antes del debate. Ayer, se asignaba a Romney una probabilidad de triunfo de 32.5% versus 25% antes del debate; a Obama le asignan una probabilidad de 62.5 por ciento.

¿Por qué ganó Romney? Porque abordó con mayor efectividad el principal tema de esta elección: la economía, repitiendo machaconamente que debe cambiarse la estrategia económica de Obama, que ha fracasado y lleva a Estados Unidos en la dirección de España. Para mi sorpresa y decepción, Obama, rotundamente en la defensa de su administración, jugó a la defensa y olvidó que estaba frente a las cámaras de televisión; se enredó en argumentos espesos y aburridos.

¿En qué consiste el programa de Romney? Según los profesores Glenn Hubbard, Gregory Mankiw y John Taylor, de Columbia, Harvard, y Stanford, respectivamente, para Romney el crecimiento y la recuperación será prioridad. El programa tiene tres pilares: 1) reducción del tamaño del gobierno federal, 2) reforma fiscal y 3) regulación.

En el primer pilar se busca regresar en el 2016 el gasto público federal como proporción del PIB a su promedio histórico anterior a la recesión desde su nivel actual de 24.3%, desacelerando el crecimiento del gasto en seguridad social y salud de los individuos de mayores ingresos. En el caso de la reforma fiscal, se propone reducir 20% la tasa marginal de ISR de los individuos, y bajar 25%, desde el actual 35%, la tasa de impuesto de las empresas. Finalmente, propone someter a un análisis costo-beneficios toda la regulación del gobierno. Desechar y remplazar la nueva ley Dobb-Frank que regula al sistema financiero y la reforma del sector salud de Obama, llamada Obamacare.

Todo suena muy bien, pero no es claro cómo se pueden reducir las tasas de impuestos y, al mismo tiempo, proteger el gasto en seguridad social y salud de las clases medias, así como colocar al país en una trayectoria fiscal solvente. Para muchos, suena de nuevo a economía vudú; los demócratas sospechan una trampa política que llevaría al sacrificio del bienestar de las clases medias.

Romney ha argumentado que la reducción de impuestos puede ser compensada con una reducción del gasto fiscal de Estados Unidos, que representa 6.5% del PIB. Según Obama, el programa de Romney no puede ser viable a menos que se reduzcan radicalmente los beneficios de las clases medias.

La propuesta de Romney es atractiva porque reduce las tasas marginales de impuesto y promueve el crecimiento económico, pero tiene el inconveniente de que podría aumentar la desigualdad.

El profesor Martin Feldstein, de Harvard, y antiguo jefe de economistas del Presidente Regan, propone una solución de compromiso: reducir 20% las tasas de impuestos marginales, pero limitando la deducibilidad. Propone mantener las deducciones muy populares en Estados Unidos pero limitándolas a un porcentaje que declina con el nivel de ingresos.

[email protected]