No sólo tendremos un mejor gobierno, sino que hemos resignificado la información presidencial matutina. No me refiero al destacado rol de visir de Marcelo Ebrard o al carisma del epidemiólogo que hace funciones de supersecretario; aludo más bien al obligado despertar de gobiernos estatales y en no pocos casos, de cabildos municipales, tras los primeros casos de coronavirus en México. La administración federal se debatió entre mensajes contradictorios, llamados a la responsabilidad e imágenes imprudentes, mientras el respetable desde las gradas se dividía vociferando por una buena estocada o elogiando el paseo y la calma.

El griterío y la rueda de prensa matutina parecían toda la arena pública, pero 32 gobiernos estatales dieron un paso a un lado y armaron su propia faena. No he de calificar las medidas; me interesa poner sobre la mesa la puerta que el virus abrió en nuestro entramado institucional y el error de los analistas que piden una sola agenda sanitaria, un plan uniforme, una dirección central y listas detalladas de sanciones al gobierno federal.

Que quede de una vez claro: si el gobierno federal escucha las demandas para marcar desde Palacio Nacional los detalles para sancionar la violación a los cierres o los apoyos para amortiguar las pérdidas, no tendría otra opción que poner a la Guardia Nacional y al Ejército tanto en Iztapalapa como en San Miguel de Allende.

Lo que ha hecho, por el contrario, es mucho más útil. Se tardó, pero colocó un paraguas (le dicen decreto) que le permita tener coordinación con los gobiernos estatales al mismo tiempo que deja a estos la facultad de dictar las medidas que mejor les convengan.

¡Eso es para echar las campanas al vuelo! No podría sino llamarse desastre que Ebrard, perdón, Olga Sánchez, estableciera el monto de las multas y el tipo de sanciones para todo aquel negocio que violara las disposiciones de la Secretaría de Salud. Imaginen al peluquero de Santiago Tepetlapa, un municipio aislado con 116 habitantes, medido con la misma vara que el peluquero necio del centro comercial popular de Tijuana, una ciudad fronteriza con casi un millón y medio de habitantes. Noten que no comparé distintos oficios o tamaño de negocios. Comparé realidades en las que un mismo oficio implica peligros distintos. ¿Eso quién la va a saber? El gobierno local. El alcalde de Tepetlapa podrá disponer medidas más rigurosas o multas menos onerosas dependiendo del contacto y los casos en la población.

Dejemos el mecanismo sanitario, pasemos a las herramientas económicas. Sin el concurso del gobierno federal, 15 gobiernos estatales decretaron medidas para dar respiro a sus empresas formales, al menos en impuestos como el de nómina y el de hospedaje.  La diversidad de mecanismos es asombrosa: desde pagos chiquitos hasta meses de gracia, pasando por descuentos y condonaciones completas. Cada gobierno sabe si puede o no, hasta cuándo y en qué términos. Jalisco y la Ciudad de México, muy activos para inyectar recursos, no están dispuestos a reducir un centavo de ingresos, pero Yucatán, no sólo condonó cuatro impuestos locales sino que estableció la condonación para cuatro meses.

Termino con la idea inicial. Esto ha permitido tener un mejor gobierno y resignificar la información. El gobierno de los mexicanos es federal, lo que significa que es un entramado de instituciones locales articuladas para manejar un territorio diverso, con agendas distintas. Esto servirá para enfrentar el desafío económico, pero también quedará como lección para la gobernanza nacional.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.