El 15 de noviembre, quince países del sudeste asiático firmaron la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). Este nuevo bloque comercial concentra alrededor de una tercera parte del PIB del mundo, y ha sido recibido como un nuevo signo de que la globalización y la economía se están volviendo cada vas más asiáticas y menos occidentales; además de ser una derrota al liderazgo de EE.UU. en la región, y una victoria para el de China.

Desde luego, en estos momentos de pandemia y proteccionismo, debemos celebrar la conclusión de acuerdos de este tipo. Adicionalmente, el hecho de que China forme parte del RCEP es, sin duda, un mensaje de que, a pesar de las acusaciones que se hacen reiteradamente contra sus prácticas comerciales, dicho país está interesado en avanzar en otros modelos de liberalización comercial. Pero más allá de esto, ¿el RCEP respalda en lo sustantivo la emoción que ha generado? Para responder esta pregunta, podemos partir de la (inevitable) comparación del RCEP con el Tratado de Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés).

Primero, en términos de la eliminación de aranceles, al momento de que entre en vigor, el RCEP eliminará el 65% de los aranceles, llegando al 92%, después de veinte años. Por su parte, el TPP alcanzaba 90% al inicio, llegando hasta 99% en solamente dieciséis años. Adicionalmente, ambos cuentan con reglas de origen flexibles, que consideran un valor de contenido regional entre 40% y 45 por ciento.

Segundo, un acuerdo de libre comercio también se compone de disciplinas en materia de comercio de servicios, comercio agrícola, eliminación de obstáculos técnicos al comercio y protección a la propiedad intelectual, que se han incluido en prácticamente todos los acuerdos desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (el extinto TLCAN). Aunque RCEP también las incluye, su calidad es menos ambiciosa cuando se le compara con el propio TPP, notablemente en temas como propiedad intelectual (donde la protección de los derechos es menos rigurosa, y se enfatiza el tema de cooperación por encima de la restricción) y en comercio de servicios (donde no queda exactamente claro si los sectores listados están totalmente abiertos o si hay excepciones).

Por la propia complejidad que tiene el comercio internacional en el siglo 21, tratados recientes han incorporado disciplinas más progresistas, como son cooperación regulatoria, la transparencia y anticorrupción y lineamientos para la operación de las empresas del estado, además del vínculo entre el comercio y los derechos laborales y la protección del medio ambiente. Estos temas están totalmente ausentes en el RCEP o bien, tienen tantas excepciones y reservas  que son prácticamente irrelevantes. Parecería como si el RCEP simplemente decidiera ignorar esta nueva dimensión del comercio, que representa una respuesta a las demandas de consumidores, sindicatos y organizaciones no-gubernamentales.

Regresando a nuestra pregunta inicial, de una revisión preliminar podemos establecer que, sin minimizar el impacto del RCEP y el mensaje de apoyo al libre comercio que el acuerdo representa, el alcance de su liberalización comercial y de la calidad de sus disciplinas no está cerca del nivel de otros acuerdos recientemente negociados.

Esto puede ser porque los países miembros del RCEP simplemente no han incorporado temas que, tradicionalmente, habrían tenido que aceptar por presiones de EE.UU., o bien, puede ser porque tal vez estemos ante el nacimiento de un nuevo modelo de integración, que privilegia la parte comercial por encima de otros intereses. Cualquiera que sea la razón, habrá que dar un seguimiento muy puntual a este acuerdo, por las obvias implicaciones para el comercio y la economía mundial.

*El autor es profesor de comercio internacional en la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales. El autor agradece la contribución de Rosángel Hernández Mendoza en la revisión de este texto.

Twitter: @JCBakerMX

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.

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