Hay quien piensa que el presidente es un hombre brillante. Hay quién, en la opinión pública, lo tilda de imbécil, el cacas y otras cosas más. El asunto no es muy complejo: Es brillante, la pregunta es ¿para qué? Y, ciertamente es torpe en otros asuntos: ¿Cuáles?

Cuando uno lo ve, solitario en el patio de Palacio Nacional, queriendo dar la impresión de gobierno, en vez de lanzar un discurso desde su oficina, las preguntas surgen. Que necesidad de boato presidencial tiene el narcisismo del presidente, de gritar a un patio vacío: viva México, tres veces y suponiendo que sus troles le habrán de responder, todo un enigma psiquiátrico.

Es brillante para conectar con la población del México atrasado y que no ha podido modernizarse. Lo es también para conectar con los mediocres y los rencorosos, los excluidos de la modernidad de México. Los que piensan que todas las empresas son de ladrones que han hecho sus ganancias de mala manera. Aquellos a los que nunca les contratan en Ford, Chevrolet, Pfizer y tantas otras empresas, sencillamente, porque no cumplen con lo básico.

El Presidente es malísimo para encontrar soluciones que permitan conectar ambos mundos. Qué hay pobres en México, sin duda. Qué México es la 15 economía del mundo, es un hecho. Que México tiene comunidades depauperadas y por otro lado sectores de la sociedad y la economía que son de las más modernas del mundo, indubitablemente. ¿Qué hacer, entonces? ¿Unidad nacional acordada o división en favor de su proyecto?

Por lo pronto, lo que es un hecho, es que el informe de ayer, ni fue informe real; ni fue discurso político de altura; ni fue un plan económico plausible para la crisis que vivimos: un fiasco y decepción.

La caída del peso, 40 minutos después del discurso, es una muestra inequívoca de que el mensaje resultó un fracaso, porque el capitalismo así funciona. El acto de ayer y su reiterada cantaleta de que primero los pobres, es poderoso para sus huestes, pero irresponsable con sus partidarios que son las que más habrán de sufrir al termino de esta coyuntura. Y, sobre todo, muestra una ignorancia brutal, sobre las necesidades de que el México moderno, a través de sus impuestos, siga manteniendo su proyecto. Dicho todo ello, ciertamente hay que preguntarse que habrá de hacer en el capitalismo del post Covid-19, pero este es sólo el principio

El asunto es sencillo. La visión del Presidente, descansa en los ingresos fiscales. Con esa cobija se puede apoyar a muchos y no pedir crédito o no cubrir los faltantes, pero se equivoca de muchas maneras. Su ignorancia en materia económica, lo traiciona. Una economía que no crecerá, sino se hará más pequeña en aproximadamente el 8% nos pone en una situación muy delicada. Eso, en primer lugar, significa que los ingresos fiscales se reducirán de manera muy significativa. Además, no haber apoyado al sector productivo formal que produce el 85% del PIB, no activará los empleos y el consumo que se supone que sería su prioridad principal. No por ser neoliberal, sino porque los ingresos para el Estado que ese 15% de empresas generan, mantendría y activaría a las empresas que lo producen. Derramaría, sobre el 85% de los que no siendo formales, podrían volver a su sustento básico. Gran error estratégico.

El Presidente ha optado por apoyar al 85% de la fuerza laboral, que produce sólo el 15% del PIB. Sin embargo, ese 85% de la fuerza laboral, no esta bancarizada, lo que no permite entregarles apoyos de manera directa. Tampoco NAFINSA o cualquier otro mecanismo podrá darles el dinero en efectivo. Todos tienen reglas de operación y reglas de entrega de recursos. No hay decreto presidencial que pueda pasar por encima de ellas. Pero al final, sus números de apoyo son tan modestos y es tan grande la extensión de los que necesitan de sus programas, que parecen una mueca irrisoria, para lo que se avecina.

El mercado y las políticas neoliberales, no es que fueran malas per se. Son mecanismos de entrega de recursos, si se apoya el empleo y la producción y no los apoyos directos a personas que el presidente está convencido que debe apoyar, aunque su apoyo no se pueda concretar.

Hagan las cuentas: 200 mil para empleos de campesinos cuando hay alrededor de 6 millones de ellos. 150 mil para pescadores cuando la cifra es de alrededor de 2 millones. Créditos del infonavit y el Fovissste, con reducción de sueldos o inexistencia de sueldos, por quiebres de empresas y sin aguinaldo. En conclusión, sus apoyos, a los que considera vulnerables, que se han defendido a lo largo de 40 años, sin apoyo del gobierno y que son pobres económicamente, son importantes, si de lo que se trata es de mantener un ejercito electoral en su favor. Son absolutamente irrelevantes, si de apoyar a la población se trata. Y no es extraño, el Estado mexicano no tiene las herramientas que AMLO cree que tiene, para apoyar a la gente más desfavorecida, con los ingresos y las palancas con las que cuenta, por eso este Estado, se adhirió a las políticas de mercado, para que la propia sociedad contribuyera a salvar nuestras crisis y nuestras pandemias y no depender de la generosidad o no del gobierno y su titular.

Eso no lo entiende el presidente. Su solitario soliloquio en el patio de Palacio Nacional, es la lamentable prueba de un hombre que se queda sin interlocutores, que no atiende la realidad, menos aun la comprende y que cree que por decir lo que he dicho párrafos arriba, me convierte en un zopilote, en un irresponsable y en un, por decir lo poco, adversario y no en un mexicano que quisiera contribuir al éxito de un gobierno, para que a todos nos fuera bien.

Una pena enorme, una tragedia que vamos a tener que sobrevivir, con lo que se pueda. Por lo pronto, él ya definió la agenda. Primero me salvo yo, políticamente y luego háganle como puedan.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.