Lo que nosotros en Irán -un país que ha sido víctima de un régimen de sanciones vicioso e indiscriminado- hemos visto de la actual administración estadounidense es bastante sencillo: no tiene una gran visión para la existencia de una comunidad global alternativa.

La inconstancia e imprevisibilidad de Estados Unidos no tienen nada que ver con la implementación magistral de la teoría de juegos. Más bien se trata de su (mala) gestión de Covid-19 en casa y de su socavamiento de la paz y la estabilidad en el extranjero.

El manejo de Estados Unidos de la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, que respaldó, y es inseparable del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), comúnmente conocido como el acuerdo nuclear de Irán, es un ejemplo de ello.

En julio del 2015, Irán, Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia y Alemania firmaron un acuerdo histórico para satisfacer cualquier preocupación sobre la naturaleza exclusivamente pacífica de nuestro programa nuclear y al mismo tiempo aliviar al pueblo iraní de sanciones inhumanas e injustas. Sin embargo, en mayo del 2018 la administración estadounidense declaró que había optado unilateralmente por “cesar la participación” en el PIAC. Desde entonces, Irán y el resto de la comunidad internacional se han quedado en la extraordinaria posición de observar a Estados Unidos como el primer gobierno en la historia de la ONU que no solo viola una resolución vinculante que él mismo patrocinó, sino que también castiga a los gobiernos y empresas que respetan el derecho internacional al implementar sus disposiciones.

No debemos olvidar que el mismo régimen estadounidense también se ha retirado catastróficamente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en medio de la peor pandemia mundial, pero ahora busca liderar el proceso de reforma de la OMS, a pesar del disgusto de sus aliados occidentales más cercanos.

Si a Estados Unidos se le permite continuar por este camino, el mundo retrocederá hacia un estándar de “el poder crea el derecho”, porque las superpotencias del siglo pasado presenciaron el desmoronamiento de su influencia internacional en su derrota militar en Afganistán, un país con un PIB catorce veces menor que los ingresos anuales de Apple.

También hemos visto en los últimos años cómo la administración estadounidense, en paralelo con su asalto a las instituciones y acuerdos internacionales, ha tratado de suplantar el derecho internacional con sus propias leyes nacionales. En la práctica, esto ha significado que ahora es el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y no los gobiernos nacionales europeos el que decide con quién pueden hacer negocios las empresas europeas, ya sea bajo la Resolución 2231 o su propia línea de gas North Stream.

Si bien hasta ahora ha sido principalmente Estados Unidos el que ha tratado de ampliar la jurisdicción de sus leyes nacionales, no hay nada que sugiera que mantendrá el monopolio sobre él. Con la apertura de esta caja de Pandora y con la complacencia de algunos gobiernos nacionales, no es difícil imaginar un futuro en el que los ciudadanos de a pie y las empresas privadas acaben teniendo que lidiar con la aplicación extraterritorial de múltiples y crecientes series de leyes nacionales, situación que debilitaría a los viajes, el comercio y la inversión internacionales dando un paso atrás para nuestro mundo globalizado.

*Ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán.

**Nota del editor: el pasado viernes el Consejo de Seguridad de la ONU rechazó la resolución de EU para extender el embargo sobre la venta de armas iraní que vence en octubre. Solo dos de los 15 miembros del Consejo votaron a favor, reflejando la división de Washington y sus aliados europeos en materia del acuerdo nuclear.