El 13 de enero de 1968, el Hombre de Negro llegó a la Prisión de Folsom, California, para grabar un álbum que hoy es considerado mitológico y fundamental en la historia de la música popular del siglo XX: Live at Folsom Prison. Acompañado de June Carter, Carl Perkins y The Statler Brothers, Johnny Cash ofreció dos conciertos para los reclusos de la prisión, que fueron grabados por Columbia Records bajo la producción de Bob Johnston. Live at Folsom Prison no fue su primer álbum en vivo desde una prisión, pero a diferencia del concierto en San Quintín (1959), en la prisión de Folsom se inmortalizó el aullido de los reclusos mientras Cash entona la legendaria frase: “Well I shot a man in Reno, just to watch him die”.

Fue el locutor de radio Hugh Cherry quien instó al público a que gritara cuando llegara el nombre de Cash mientras lo presentaba en la cafetería de la prisión estatal de Folsom y también fue quien motivó la ovación que quedó inmortalizada en “Folsom Prison Blues”. Johnny Cash canalizó las penas y el blues de los reclusos que se hallaban ahí, y también ofreció una presentación que buscaba hacer que los internos de la prisión se olvidaran de sus penas por un rato.

50 años después de aquel mítico concierto, Los Tigres del Norte regresaron a la prisión de Folsom para estar con los “que se perdieron en el camino y han sido olvidados”, dice Jorge Hernández. El documento realizado en colaboración con Netflix captura dos presentaciones hechas por la banda oriunda de Mocorito, Sinaloa, (o San José, California) para la población de hombres y mujeres recluidos en la prisión, pero Los Tigres del Norte no son los protagonistas de este filme. La primera presentación que hicieron Los Tigres del Norte en territorio estadounidense fue en 1969 en la prisión de Soledad, en el Valle de Salinas, California.

Hernán Hernández rememora que cuando Cash tocó en la cafetería de la prisión, se presentó frente a una audiencia de reclusos donde casi no había latinos. En el 2017, la población latina encarcelada en Estados Unidos ascendía a 336,500 reclusos, según datos del Pew Research Center, y en California, 41% de la población actualmente en prisión es latina.

La música de Los Tigres canaliza la experiencia de los migrantes. Retrata las vidas de los mexicanos y latinos que han dejado su país para buscar el sueño americano, de los que están en la jaula de oro, que dejaron su país querido que nunca olvidan y al que algunos no pueden regresar.

Así como Johnny Cash ayudó a darle visibilidad a los marginados de aquel 1968, Los Tigres del Norte reimaginan el blues de la prisión de Folsom para la coyuntura actual. Sus canciones nos muestran las historias de los que ahora están tras las rejas y que han sido afectados por las políticas migratorias de Trump y el desigual sistema penitenciario estadounidense.

En Live at Folsom Prison los momentos que fueron fabricados para captar el ambiente de ayudaron a crear un mito para Johnny Cash; pero cuando llega el coro de “Golpes en el Corazón” se siente una simbiosis genuina entre el artista y el público, que nos hacen conectar con la música de Los Tigres del Norte y nos hace conectarnos con las historias y el dolor de los encarcelados.

“Siempre hemos sentido un vínculo con Johnny Cash y su música. La música de Johnny Cash así como la nuestra versa sobre los que luchan, los marginados y los que no tienen voz”, dice Hernán Hernández.

Cincuenta años después de que Johnny Cash llegó a la prisión de Folsom para llevarle a los internos un rato de buena música, Los Tigres del Norte volvieron a este lugar con la misma misión, para darle a los reclusos un momento de música, diversión y llevar un poco de luz a ese lugar oscuro.

antonio.becerril@eleconomista.mx

Antonio Becerril Romo

Coordinador de operaciones de El Economista en línea

Coordinador de Operaciones Online. Periodista. Desde el 2019 escribe la columna semanal sobre música “Mixtape” en El Economista. Ha sido reportero de tecnología y negocios, startups, cultura pop, y coeditor del suplemento de The Washington Post y RIPE.

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