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¿Cuál es la mejor inversión?
Hay dos componentes esenciales que debemos siempre tener en cuenta: el horizonte de la inversión y la tolerancia al riesgo.
La pregunta que da título a esta columna es sin duda la más frecuente que recibo de los lectores. Todos quieren saber dónde invertir, qué instrumentos les recomiendo, cuáles pienso que darán mejor rentabilidad, etcétera.
Sin embargo, como lo he escrito ya en varias ocasiones, no es lo mismo invertir dinero que uno podría necesitar en cualquier momento (como el fondo para emergencias) que aquél que uno no tocará en muchos años (por ejemplo, el ahorro para el retiro). Es clarísimo que en ambos casos se deben utilizar instrumentos radicalmente distintos.
En el primer caso se requiere liquidez (disponibilidad en cualquier momento) y además poca volatilidad (el riesgo de nuestra inversión debe ser muy bajo, porque no tenemos tiempo de recuperarnos en caso de una baja en los mercados financieros). Hay varias opciones en este sentido. Una de ellas es el fondo Bonddia que está disponible a través de Cetesdirecto desde tan sólo 100 pesos.
En el segundo, todo lo contrario: no necesitamos liquidez porque no vamos a disponer de nuestro dinero en muchísimos años, ni lo vamos a usar para otras cosas: está ahí para nuestro retiro. Dado el horizonte de nuestra inversión, es muy importante que nuestro dinero tenga un buen crecimiento real (por arriba de la inflación) para que logre multiplicarse. Eso implica que podemos asumir un poco más de riesgo (volatilidad), claro, en la medida en nuestra tolerancia, porque también hay que dormir tranquilos por las noches. Una opción es simplemente hacer ahorro voluntario en nuestra Afore, aunque hay otras.
En general, hay dos componentes esenciales que debemos siempre tener en cuenta para elegir cómo invertir nuestro dinero: nuestro horizonte de inversión (el plazo) y nuestra tolerancia al riesgo. Si tenemos eso claro, podemos construir un portafolio de inversión diversificado que busque maximizar el rendimiento potencial que podemos obtener, sin exceder el riesgo que queremos asumir. Toda la teoría de inversiones está basada en esto.
Dentro de lo mencionado, hay una palabra clave: diversificación. Esto significa invertir en distintas clases de activos, que se comportan de manera diferente según el ciclo del mercado. ¿Por qué? Precisamente para controlar el riesgo y maximizar el rendimiento potencial en línea con el horizonte de inversión que hemos elegido.
Si nuestro horizonte es de largo plazo, podemos fácilmente dedicar una parte de nuestro portafolio a invertir en las mejores empresas de México y del mundo, pero también podemos invertir en fideicomisos especializados en bienes raíces (que suelen ofrecer un alto rendimiento vía dividendos), en instrumentos de deuda global y también en activos como el oro o las criptomonedas. Todo se vale, siempre y cuando tenga sentido en nuestra estrategia.
Pero no podemos buscar “la mejor inversión”, porque como tal no existe. No se trata de perseguir rendimientos, porque lo que hoy paga más quizá en dos años se comportará de una manera completamente distinta. Es parte de la naturaleza de los mercados. Además, concentrarnos en un solo instrumento (o en muy pocos) aumenta mucho el riesgo de nuestro portafolio. Por eso muchísima gente tiene malas experiencias en inversiones: persiguió el rendimiento, pero no tomó en cuenta los riesgos. Este es un grave error.
Por el contrario, tenemos que pensar siempre en construir un portafolio que sea adecuado a nuestros objetivos de inversión (lo cual a su vez determina el horizonte–plazo que tenemos para invertir) y que tome en cuenta nuestra tolerancia al riesgo. Se trata de combinar, como mencionamos, distintos instrumentos con el objetivo de maximizar el rendimiento potencial, pero siempre cuidando el riesgo y manteniéndolo controlado.
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