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Comparecencias inútiles
Las comparecencias ante el Poder Legislativo resultan onerosas e inútiles, dichos actos de rendición de cuentas son otra muestra del anquilosamiento de la democracia representativa mexicana y de la complicidad que une los partidos políticos.
Las comparecencias ante el Poder Legislativo resultan onerosas e inútiles, dichos actos de rendición de cuentas son otra muestra del anquilosamiento de la democracia representativa mexicana y de la complicidad que une los partidos políticos.
A partir del mes de septiembre con motivo de la glosa del IV Informe de Gobierno del presidente, los legisladores citan a los funcionarios a comparecer en el ejercicio para pedirles cuentas en nombre de la población mexicana.
Dichas comparecencias no sirven para nada, y no tienen resultado sobre la agenda del gobierno y de los legisladores, cuando mucho un diputado gruñón o protagonista espeta unas cuantas groserías que nada tienen que ver con los informes.
Las comparecencias se han convertido en verdaderas fiestas moleras, nuestros representantes empeñan la soberanía popular por una selfie con los funcionarios comparecientes.
En la CDMX existen las mismas deplorables prácticas, hablan de una realidad que no existe, el conchupo entre asambleístas y funcionarios resulta ofensivo para los ciudadanos y degradante para ellos, basta sólo un ejemplo, en la comparecencia de Miguel Torruco Marqués, secretario de Turismo de la Ciudad ante las comisiones unidas de Turismo y Desarrollo Económico, los representantes locales fueron muy complacientes, bueno, aquello parecía una fiesta de fin de cursos de kindergarten.
Lo más destacado de este acto que sabrá dios cuánto les cuesta a los mexicanos fue el paso apresurado de los asambleístas para la foto con el sonriente secretario, por supuesto que en primer lugar se encontraba la presidenta de la Comisión de Turismo, Luisa Alpízar, quien tomó sin chistar el alud de cifras espetadas.
Hace unos años, se terminó con la terrible ceremonia de presentación del Informe de Gobierno que fue un besamanos para el presidente, dicho evento se convirtió un verdadero pleito de lavadero entre perredistas y panistas generado por la presencia en el Congreso del presidente espurio , Felipe Calderón, personaje que decidió cambiar el formato y cortar por lo sano.
Las secuelas del cambio de formato todavía son más trágicas, las glosas y comparecencias son verdaderas fiestas polleras sin ningún resultado, es hora de pensar en introducir la presencia de la sociedad civil en dichas comisiones, que ayuden a los representantes populares a recordarles su papel como tales. Debemos resistir la tentación de eliminar tal apéndice, hay que echarle coco para transformarla en una verdadera herramienta de rendición de cuentas.