El gas natural ha sido una fuente de ansiedad para México durante los últimos años. Mes con mes, con una periodicidad casi religiosa, hemos observado cómo nuestra producción de gas mengua y nuestras importaciones crecen. La dependencia del gas de Estados Unidos se ha vuelto una preocupación política, razonada o no, para muchos. Pero es más preocupante la perspectiva técnica.

Contrario a la solución que implementamos ante la escasez de gas en 2012 y 2013, en ese momento lo resolvimos con gas natural licuado, un cambio en las tarifas de transporte y, en adelante, con desarrollo de infraestructura de importación.

Hoy no hay una salida tan clara.

Como país, no tenemos una estrategia clara de gas natural. La situación sigue empeorando y hoy están apareciendo nuevos puntos de presión que reducen la disponibilidad de gas natural en el país. Tomando prestado el lenguaje de la industria, hay al menos cinco nuevas “alertas críticas” que debemos atender.

Pemex le comunicó a sus clientes industriales que, por la caída en la producción de gas natural y las reglas asimétricas de competencia, dejaría de suministrarles gas natural. Horas más tarde, revirtió esta decisión, después de que la Secretaría de Energía cambiara el orden en el cual Pemex debe despachar el gas (orden de prelación). Queda claro que la medida es sólo una solución temporal.

Transcanada anunció la suspensión de trabajos en el gasoducto Tuxpan-Tula, que de por sí lleva 56 meses de atraso ante procesos de consulta pública que de plano no se pueden concluir. Este ducto es clave para generar un sistema que permita aprovechar plenamente el gasoducto submarino Texas-Tuxpan y llevar gas al occidente.

Rocío Nahle, la próxima secretaria de Energía, avisó que no habría nuevas rondas hasta la segunda mitad del sexenio. Esto es, de facto, una cancelación de la Ronda 3.2, que tenía un componente importantísimo no sólo para generar nuevos proyectos de gas sino para generar sinergias en el desarrollo de otros bloques que ya se licitaron en Burgos.

El presidente electo dijo que está considerando prohibir el fracking en nuestro país. Esto no sólo cancelaría de plumazo la posibilidad de aprovechar la mitad de los recursos prospectivos de nuestro país. También cancelaría uno de los motores que pueden generar producción más rápido: el desarrollo a gran escala de recursos no convencionales.

A dos semanas de que la nueva administración tome posesión, se puede confirmar que el equipo de transición ignoró, al menos en el espacio público, el tema del gas. Este silencio sugiere que, hoy por hoy, no es una prioridad.

En este momento de la conversación energética global, el gas no sólo representa posibilidades de desarrollo y competitividad económica. Para muchos Estados, recibir gas o no es la variable clave para determinar si se pueden industrializar o no, si crecen o se estancan. El gas también es una herramienta potente para avanzar en temas de sustentabilidad y mitigación del cambio climático.

Por la interconexión de temas, es impensable que el gas no llegue a ocupar un tema primordial en la política no sólo energética sino también económica de la nueva administración. La gran pregunta es: ¿lo haremos proactivamente, diseñando una estrategia integral? ¿O nos vamos a esperar a que estas alertas críticas metafóricas se materialicen?

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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