La Comisión Federal de Competencia (Cofece) acaba de emitir el dictamen preliminar sobre barreras a la entrada en el transporte de carga en el estado de Sinaloa. En él ha encontrado que existen fuertes barreras regulatorias que impiden que nuevos transportistas accedan al mercado; que en ocasiones los propios productores y distribuidores puedan autoproveerse el servicio de transporte; que casi no se han otorgado nuevas concesiones desde hace varios años en algunos municipios; que hay cuerpos colegiados en los que intervienen transportistas y autoridades para otorgar los permisos y concesiones de transporte, con lo que logran que no se otorguen dichos permisos; que coincide la misma figura del regulador y del otorgante del permiso o concesión en varios municipios.

Ello ha ocasionado que haya municipios donde algunos transportistas ostentan más de 50% del mercado de transporte de carga para la agricultura y la producción; que las unidades vehiculares sean de chatarra prácticamente (hasta 35 años de existencia); que haya un sobrecosto de los productores que les impide ser competitivos en los mercados internacionales; que existan cuellos de botella para distribuir los productos hacia los puertos de exportación y lo peor, que hay cerca de 80 ordenamientos de diferentes estados que establecen restricciones a la entrada en otros estados y municipios.

El sector del transporte vital es un pulmón en cualquier economía al ser el enlace entre productores y distribuidores en los mercados nacionales e internacionales. Puede considerarse un insumo esencial de la economía. Sin embargo, y no sólo en México, también es de los sectores donde campean en mayor volumen la corrupción y los monopolios. No hay que olvidar a Mr. Hoffa, antiguo secretario del sindicato de transportistas en Estados Unidos, desaparecido extrañamente, que impidió cualquier intento de liberalización del sector, muestra de lo cual la constituyen las controversias internacionales que ha tenido que promover el gobierno mexicano contra el estadounidense al impedir la entrada de camiones mexicanos al mercado norteamericano cuando ya se había liberado dicho mercado en virtud del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

En este caso, la Cofece tiene toda la razón: al ser más costoso el transporte de carga se encarecen nuestros productos en el extranjero, y aunque ser transportista no es el negociazo que a veces ha querido hacer ver la Comisión, es un sector donde prevalecen fuertes barreras a la entrada, que crean monopolios y oligopolios, donde por razón de la estructura del mercado, si se eliminasen dichas regulaciones, habría muchos competidores en el sector. Tenemos aquí el típico caso donde el moche a favor de las autoridades municipales y estatales sólo se puede impedir eliminando mucha de esta inútil regulación. El transporte de carga es un sector con prácticas del viejo México, el de la pistola y la mordida, con muchos intereses de por medio (free riders o en español auténticos gorrones o parásitos) que subyacen en el México profundo. Qué bueno que la Cofece inició el combate, pero serán necesarias la intervención de otras autoridades, incluyendo las de seguridad, para que los camiones y trenes puedan circular por las carreteras y trenes sin peligro de tener que pagar la mordida al señor feudal de turno, cuando todos los vehículos de carga deberían poder circular libremente por el país en virtud de la libertad de tránsito. Entrevemos que los equivalentes a la CNTE del transporte no dejarán que este cambio se logre pacíficamente. En el transporte de carga hay que eliminar a muchas mafias, que sólo entienden con la lógica del pan o palo. Ojalá nos equivoquemos.

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.