Lectura 4:00 min
Aquí nadie entra: enfrentamientos armados en Tamaulipas

Hace casi dos meses, en este mismo espacio, reflexionábamos sobre las disputas de bandas criminales por zonas de interés ubicadas en la zona norte de la entidad. Si es verdad, que la zona fronteriza ha sido históricamente un espacio atractivo para los grupos criminales por el acceso a las distintas fronteras con los Estados Unidos, las situaciones de violencia que se han presentado en lo que va este último año, requieren enfoques con diferentes perspectivas. No es un secreto que las áreas de conflicto en la zona tamaulipeca se ubiquen en el norte de la entidad.
Estas zonas han servido históricamente para fortalecer los distintos trasiegos ilegales -drogas, armas, migrantes, combustible, etc.- desde finales de la década de los ochenta. Si bien es cierto que la frontera chica está conformada de varios cruces fronterizos y tres aduanas de gran importancia, la disputa entre grupos de la delincuencia organizada se ha enfocado hasta nuestros días en los controles territoriales de interés económico ilegal, los cuales no se han modificado, pero sí ampliado. Sí, es verdad que eventos violentos pueden presentarse en otras partes de la entidad, como las ubicadas en el centro o sur, pero las rutas de conflicto son evidentes, por lo tanto, claves para entender cómo, cuándo se organizan las logísticas delictivas, y dónde se puede presentar una situación de riesgo entre grupos rivales, o incluso de ataques a la autoridad.
Es así como además de explicar el fenómeno de la violencia a partir de conflictos entre grupos del crimen, fragmentaciones, traiciones o nuevas alianzas y transiciones políticas, valdría la pena echar un vistazo a los espacios de operación mediante las cuales fluyen las economías ilegales en ambos lados de la frontera. Los eventos de los últimos meses, que incluyen el ataque al secretario de gobierno de la entidad, y los constantes enfrentamientos armados en carreteras, bloqueos, ataques a la Guardia Estatal, a autoridades encargadas de garantizar la seguridad, y el riesgo en el que vive la ciudadanía, que tiene que soportar en la incertidumbre que no les toque pasar por el lugar y el momento equivocados por una zona de conflicto, son en efecto análisis que las autoridades de los tres órdenes de gobierno pudieran o debieran estar calculando para prevenir que las cosas ocurran.
A los grupos criminales les interesan los espacios estratégicos, operativos y rentables, ejemplos sobran: cruces fronterizos, puentes como el de Colombia y Nuevo Lardo, la carretea Ribereña -que se usa para viajar de Coahuila a Nuevo León y Tamaulipas, o los 219 kilómetros de carretera que van de Monterrey, a Nuevo Laredo, Tamaulipas -donde desde hace años, se presentan desapariciones de personas-, entre otras rutas y sitios de interés.
Los eventos que se han presentado en las últimas semanas no deberían de sorprendernos. Los grupos criminales se arriesgan sin importar los riesgos para continuar gestionando y protegiendo sus intereses contra cualquiera que pretenda incursionar en “su territorio”, la pregunta que quizá debemos plantearnos es que, con este panorama tan claro, la priorización para contener el fenómeno delictivo no pudiera ser enfocada desde otra luz, más allá de las detenciones de objetivos prioritarios y decomisos, que son importantes, pero que requieren de otros elementos, que impliquen recuperar espacios. Si algo hemos aprendido en casi 16 años de violencia en el estado, es que quien domina los espacios, tiene la capacidad de contener e imponer orden o desaparecerlo y lamentablemente sin importar los costos y riesgos que esto conlleva.