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Opinión

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Alternativa sostenible a la degradación de suelos

La degradación de suelos es una de las principales causas de pérdida de rentabilidad agrícola debido a la afectación que sufren las características físicas y químicas que limitan la fertilidad del suelo. De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), existen cuatro procesos de degradación:

1) Degradación física por compactación de suelo, pérdida de la función productiva, disminución de disponibilidad de agua, anegamiento y disminución de la disponibilidad de agua; 2) Degradación química por disminución de la fertilidad y contenido de materia orgánica, polución, salinización y eutrofización; 3) Degradación por erosión eólica por deformación del suelo, afectaciones al cultivo y pérdida de suelo por efecto del viento; y 4) Degradación por erosión hídrica por deformación y pérdida de suelo, así como afectación a cultivos por arrastre de agua.

En México, la degradación química presenta un mayor impacto al encontrarse en 34.0 millones de hectáreas, seguido de la erosión hídrica, eólica y física en 22.7, 18.1 y 10.8 millones de hectáreas respectivamente. La degradación química puede ser atribuida al uso indiscriminado de agroquímicos y pérdida de materia orgánica del suelo, mientras que la erosión hídrica, eólica y física pueden ser relacionadas a la deforestación de la cobertura forestal nacional, entre otros factores.

En promedio, 50.7% de la superficie nacional con degradación presenta un desgaste ligero, 42.8% moderado y 6.5% entre severo y extremo, por lo que estrategias encaminadas al establecimiento de prácticas sostenibles pueden contribuir a revertir los daños al suelo, mantos acuíferos y superficie forestal nacional.

La labranza de conservación propone un uso racional y consciente de los recursos agroecológicos actuales, sin detrimento de su posterior aprovechamiento por las generaciones futuras. Principalmente, se basa en sistemas de producción estables de forma económicamente viable, es socialmente aceptable, y se encuentra en armonía con el medio ambiente, toda vez que permite preservar, conservar y proteger los recursos naturales. La labranza de conservación establece un modelo de producción competitiva que conserva el suelo, agua y biodiversidad, al mismo tiempo que permite reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), y hace un uso racional y consciente de agroquímicos.

Entre otros beneficios, la labranza de conservación requiere un menor uso de combustibles y emisión de gases CO2, al disminuir el movimiento mecanizado del suelo; proporciona mayor cobertura vegetal y captación de carbono, al incorporar el rastrojo de la cosecha. La recuperación de materia orgánica por la cobertura vegetal reduce el requerimiento de agua al reducir la evaporación de la lluvia, disminuye la erosión eólica e hídrica, favorece la actividad biológica del suelo, además de requerir menores cantidades de fertilizantes químicos en el mediano plazo.

Dado que la mayor proporción de superficie agrícola con degradación de suelos se encuentra en niveles de desgaste ligero a moderado, es oportuno establecer prácticas agronómicas económicamente y productivamente viables y sostenibles, como la labranza de conservación, modelo que permite elevar la productividad, reducir costos de producción y mitigar los factores de riesgo a la biodiversidad agrícola nacional.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es Especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

dnunez@fira.gob.mx

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