De la comicidad no se puede exigir el surgimiento de un estadista, pero sí un político con buen humor. Jimmy Morales tuvo en Moralejas el programa cómico que lo catapultó en el mundo del espectáculo. Jimmy y su hermano Sammy replicaron en Guatemala el modelo de los Polivoces mexicanos, 30 años después.

“Durante 22 años les he hecho reír. Si gano las elecciones, prometo que no les voy a hacer llorar”, dijo Morales durante su campaña electoral en el 2015.

El payaso Coluche se postuló a las elecciones presidenciales francesas en 1981. Las encuestas traducían su popularidad en 16%, y poco antes de los comicios declinó a favor de François Mitterrand. Coluche se presentó como “candidato nulo, blanco, azul y mierda”; leyó con inteligencia el libro La sociedad del espectáculo del situacionista Guy Debord.

Jimmy Morales llegó a la Presidencia de Guatemala por otro tipo de circunstancia. De no haber sido corruptos el presidente Otto Pérez Molina y su amante, la vicepresidenta Roxana Baldetti, el programa Moralejas estaría en el aire con nuevas temporadas y con los hermanos Jimmy y Sammy triunfando en la televisión guatemalteca.

De no haber existido la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el cómico no hubiera alcanzado la Presidencia. Algo más, y por si se necesitaran de los imponderables, la renuncia del candidato presidencial Manuel Baldizón le facilitó al cómico vencer con facilidad a la sempiterna candidata Sandra Torres, esposa del expresidente Álvaro Colom, y famosa por haber provocado su divorcio con tal de aparecer en las boletas electorales.

Morales nunca entendió que su Presidencia casual se quebraría en el momento del surgimiento de un caso de corrupción en su círculo familiar. Sucedió. Expulsó de Guatemala a la CICIG por haber encontrado actos de corrupción de su hermano Sammy y su hijo José Manuel.

La fiscalía pidió 11 y ocho años de prisión, respectivamente, por delitos de lavado de dinero y fraude. Jimmy Morales perdió dos años de su presidencia peleando en favor de su familia. Su figura grotesca perdió color y humor. Morales no dudó en activar una campaña nacionalista de color ramplón para expulsar a la CICIG, una especie de brazo judicial de Naciones Unidas. “¡Injerencia!”, gritaba el cómico. “Soberanía”, conmovía el presidente. Al hacerlo, Morales prefirió anteponer su familia a su labor por el Estado; echó abajo su Presidencia.

Morales también traicionó a los migrantes, al aceptar el acuerdo de tercer país seguro que le impuso la presidencia de Trump. Al iniciar su gobierno, les prometió que serían “prioridad” de su gobierno. Indolente, el cómico nunca cumplió su promesa de ayudar a los familiares de las niñas que murieron calcinadas en el hospicio Hogar Seguro.

El cómico llegaba crudo y roncaba en eventos públicos, su retórica simulaba la de un clérigo y siempre se presentaba como figura de la antipolítica. Fracasó.

Morales fue propuesto candidato por un viejo partido de militares; recibió la bendición de pastores de las iglesias neopentecostales y de empresarios que muy rápido se arrepintieron.

En agosto del 2018, el Ministerio Público le solicitó al Congreso el retiro de la inmunidad de Morales, pero la petición fue rechazada por la Corte Suprema. No hubo forma de llevarlo a los tribunales. Todo parecía una broma de mal gusto. ¿Por qué la CICIG llevó a juicio al entonces presidente Pérez Molina y no pudo hacerlo con el cómico Morales? Por patriota. Morales expulsó a Iván Velásquez. Escena que parecía una parodia de Moralejas.

Adiós al presidente corrupto. Suerte al cómico en su regreso a Moralejas.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.