Me parece un poco inocente pensar que con las medidas anunciadas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes realmente la autoridad ya metió en cintura a los transportistas.

Limitar el peso de sobrecarga de los camiones a estándares que siguen rebasando las prácticas internacionales es simplemente una forma de justificar por ahora un incremento en el costo del transporte y con el paso de los meses el regreso de la práctica de saturar las cajas de los remolques.

La autoridad funciona así, en función de lo que salga en las noticias. Porque accidentes en los que se ven involucrados camiones en mal estado, excedidos de carga, con choferes cansados, drogados y mal capacitados ocurren todo el tiempo.

Pero desgracias como la muerte de seis universitarios y una semana después el fallecimiento de otros 44 seres humanos como consecuencia de accidentes casi idénticos, y sobre todo, que merecieron la atención mediática nacional, es lo que hizo la diferencia.

Reducir el tonelaje de los dobles remolques es tan sólo una parte del problema. Porque de nada sirven 20 toneladas menos de sobrepeso si se manejan unidades en mal estado, a velocidades que exceden los máximos y por choferes que probadamente son adictos a las sustancias que les permiten manejar decenas de horas seguidas.

Los criterios de costos son los que mandan en esa industria. Si están permitidos esos viajes tan irregulares es porque se trata de un servicio barato, que además cuenta con un tratamiento fiscal especial que les permite pagar muchos menos impuestos que muchos otros agentes económicos.

La gran novedad regulatoria de que cuenten las unidades de transporte con un certificado de condiciones mecánicas debería ser el artículo uno de cualquier reglamentación.

Sin contar con el hecho de que es muy válida la sospecha de que esos certificados podrían ser conseguidos de manera irregular.

Contar con menos de 500 inspectores para más de 350,000 unidades de transporte de carga tampoco es una gran medida.

La autoridad está en medio de los que necesitan mover mucha mercancía en un solo viaje, cueste lo que cueste. Como ahora que ha costado vidas humanas.

Y aquellos camioneros que quisieran ver normas muy estrictas, con estándares internacionales que les permitan ganar más dinero por mover menos mercancía.

La realidad de la infraestructura carretera mexicana es que no deberían circular camiones de doble remolque, muchas carreteras son de un solo carril por sentido y en terreno escarpado que las hace peligrosas y muy lentas.

Lo que se necesita y con urgencia es una autoridad que entienda cuál es la realidad de la infraestructura mexicana y con base en eso determine los niveles máximos de carga.

Pero también que obligue a mantener buenas condiciones mecánicas de las unidades y buenas condiciones físicas de los choferes. Pero para eso se necesita que la autoridad actúe como tal.

Una de las posiciones que más deberían cuidar los presidentes es quién es su Secretario de Comunicaciones. No es fácil lidiar con los grandes tiburones de las telecomunicaciones que tienen los mejores abogados y los más grandes intereses cuidados con mucho dinero.

Y del lado del transporte, si hay un sector que tiene poder de presión es el de los que mueven la carga. Hay que recordar que su poder les ha dado para ser de los pocos que gozan de prebendas fiscales únicas y reglamentos altamente laxos.

Podrán ser más públicos y conocidos los personajes y sus empresas en el mundo de la telefonía o la televisión, pero entre los transportistas hay una auténtica guerra entre grupos antagónicos que quisieran imponer su forma de hacer las cosas. Y la autoridad evidentemente no ha podido con ellos.

Si en este sexenio uno de los sectores fallidos ha sido el de las telecomunicaciones, difícilmente veremos que puedan tomarse decisiones acertadas en el poco tiempo que le queda. Sólo habrá que esperar que haya una decorosa administración del tiempo restante y esperar que para el siguiente gobierno llegue un auténtico conocedor del sector de las telecomunicaciones que realmente quiera ser autoridad.

Y por ahora, pues a rogar que la negligencia y hasta la corrupción no sigan matando más personas en las carretas.

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