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Opinión

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2020 Nos marcó a todos

Armando Regil Velasco

2020 ha sido el año donde todo lo que parecía impensable, sucedió. Hay muchas cosas que nunca entenderemos pero eso no importa, no se trata de forzar la razón para tratar de comprender algo que quizás solamente el tiempo y el corazón nos puedan enseñar.

La pregunta que me hago es: ¿qué me ha querido enseñar la vida durante estos meses?, ¿qué debo aprender?, ¿qué debo ver dentro de mí y en todo lo que me rodea más allá de lo evidente? ¿qué debo mejorar?, ¿qué debo dejar ir?, ¿qué debo cambiar?

Hay respuestas que pronto se manifiestan y otras demoran hasta que estemos preparados para verlas. Me queda claro que todo tiene un propósito, lo que recibimos y lo que perdemos, todo lo que llega y todo lo que se va. El problema es que la mente y el ego se resisten a aceptar algo distinto a lo que deseamos. 

Quizás por eso necesitábamos una sacudida de esta naturaleza todos juntos y al mismo tiempo pues la magnitud de la pandemia nos obliga a ser más empáticos y solidarios para abrazar y provocar una transformación profunda no sólo personal pero también familiar, comunitaria y global. 

No hay posibilidad de crecimiento ni desarrollo dentro de nuestra zona de confort. La pandemia nos ha sacado abruptamente alterando familias, negocios, planes, proyectos, viajes, eventos y sueños de todos tamaños. Nos ha obligado a esperar, a soltar, a (RE)considerarlo, (RE)valorarlo y (RE)plantearlo todo. 

En muchos casos el dolor, la pérdida de seres queridos y los problemas económicos aún no nos permiten entender el propósito de todo esto. Desde el ego y la razón todo es incomprensible. Solamente desde la humildad y el corazón será que podremos encontrar sentido a un año que ha marcado nuestras vidas para siempre. Abrámonos y dejemos que Dios nos ilumine e indique el camino.

Hay momentos en la vida en los que gracias a circunstancias excepcionales como la que hemos vivido y estamos viviendo, es que podemos (RE)nacer y (RE)surgir si, en medio del dolor y el sufrimiento, logramos abrirnos a nuevas posibilidades para ver y aprender lo que en circunstancias “normales” nos era imperceptible.

Quizás 2020 sea uno de los maestros más grandes en nuestras vidas si así lo decidimos. No podemos cambiar nada de lo sucedido ni regresar a quienes se han ido. Lo que sí podemos es dar gracias a Dios por todo pues sus tiempos, sus caminos y su voluntad son perfectos. 

Doy gracias por el personal de salud que nos ha dado las más grandes lecciones de entrega y servicio, por el valor de la familia y los verdaderos amigos, por recordarnos el valor de la resiliencia y el sentido de la empatía; por hacernos valorar la grandeza de lo simple y de la libertad. Gracias 2020 por enseñarnos que, entre más vulnerables nos sentimos, más humildes y solidarios necesitamos y podemos ser para convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. ¡Para ti y tu familia, mis mejores deseos en 2021!

 

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

aregil@ipea.institute

Twitter: @armando_regil

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Armando Regil Velasco es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA)

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