El pulso entre la administración Trump y la Reserva Federal estadounidense se agría por momentos y amenaza con desestabilizar el sistema de regulación financiera de EU y a nivel internacional. Los tímidos intentos de la presidenta de la Reserva, Janet Yellen, por defender su independencia han recibido una respuesta inmediata fulminante por parte de un nutrido grupo de congresistas estadounidenses.

"Salvo en caso de emergencia, la Reserva Federal no debe proponer ni adoptar ninguna norma", le advierten a Yellen 34 destacados congresistas en una carta del 23 de febrero a la que ha tenido acceso CincoDías.

Los firmantes amenazan a la presidenta del banco central de EU con someter sus decisiones al escrutinio del Congreso y posible revocación si no acepta paralizar su actividad reguladora como se le exige. Se trata de la segunda misiva en un mes de los republicanos estadounidenses contra la número uno de la Reserva Federal, nombrada en el período de Obama. Y esta vez es más breve, más tajante y con más firmas.

Sólo contiene tres párrafos, pero su tono es mucho más amenazante que la anterior y exige de manera concreta a Janet Yellen que se abstenga de adoptar cualquier medida regulatoria hasta que "el Senado confirme un vicepresidente de Supervisión", puesto vacante desde hace más de seis años.

A diferencia de la carta anterior, firmada sólo por un destacado congresista, Patrick McHenry, esta vez el texto lleva la rúbrica de 34 miembros de la cámara de representantes. La misiva revela la creciente tensión entre la administración Trump y la Reserva Federal, una pieza fundamental en el sistema financiero de EU y actor clave en la regulación financiera internacional.

Trump se ha comprometido a dar marcha atrás en la regulación financiera adoptada durante el mandato del presidente Barack Obama en respuesta a la debacle de 2008. Los republicanos también quieren desmarcarse de los acuerdos internacionales suscritos a nivel internacional en el marco del Banco Internacional de Pagos y del Consejo de Estabilidad Financiera, ambos organismos con sede en Basilea.

Yellen se revolvió la semana pasada y aseguró por escrito que la Reserva Federal "continuará participando en las discusiones internacionales sobre las normas financieras". Además, el 15 de febrero, durante una comparecencia ante el Congreso, se mostró dispuesta a acatar las órdenes ejecutivas de Trump que paralizan la regulación financiera, pero defendió su derecho a intervenir en relación con las pruebas de estrés del sector bancario y con las normas sobre los colchones de capital requeridos a las entidades.

Ese gesto de independencia ha tenido una respuesta drástica e inquietante para el futuro de Yellen, de la Reserva Federal y de los acuerdos de Basilea.

La Unión Europea ya prepara una respuesta para intentar defender los acuerdos internacionales sobre regulación suscritos en los últimos ocho años. Bruselas prepara la línea de defensa que presentará en la reunión del G-20 del próximo 18 y 19 de marzo, a la que asistirá por primera vez el nuevo secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin.

"Basilea es un foro muy, muy importante", defendió este martes el ministro español de Economía, Luis de Guindos, tras reunirse con sus colegas europeos para analizar, entre otras cosas, la posición europea para el G-20. Guindos insistió en que "la banca es un negocio global y la regulación tiene que ser global".

La nueva administración estadounidense, sin embargo, no parece compartir ese punto de vista. En la primera carta contra Yellen, el vicepresidente del Comité Financiero de la Cámara de Representantes, Patrick McHenry, describía Basilea como "un proceso opaco" en el que se pactan "acuerdos internacionales que aniquilan puestos de trabajo en América".

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