Exxon Mobil, Shell, BP y Chevron acumulan una deuda neta conjunta de 184,000 millones de dólares, más del doble que en 2014, cuando los precios del petróleo iniciaron un brusco descenso que tocó fondo a principios de este año, cuando el barril se cotizaba a 27 dólares. Los precios del crudo han rebotado desde entonces, pero todavía rondan los 50 dólares por barril.

Los crecientes niveles de deuda son un recordatorio del impacto que una caída de precios de dos años ha tenido en el sector. Hace una década, estas cuatro empresas comparecieron ante el Congreso para explicar sus "ganancias extraordinarias", pero hoy su flujo de caja normal no alcanza para cubrir sus gastos.

Los ejecutivos de BP, Shell, Exxon y Chevron han asegurado a los inversionistas que en 2017 generarán suficiente dinero en efectivo como para pagar nuevas inversiones y por dividendos, pero algunos accionistas son escépticos. En la primera mitad de 2015, según un análisis de The Wall Street Journal, esas empresas quedaron 40,000 millones de dólares por debajo de aquel objetivo.

"A la larga algo va a ceder", dijo Michael Hulme, gerente del Carmignac Commodities Fund, un fondo de 550 millones de dólares que posee participaciones en Shell y Exxon. "Estas empresas no serán capaces de mantener los dividendos actuales (con los precios del barril entre 50 y 60 dólares). Es insostenible".

BP ha señalado que el año que viene confía en financiar sus operaciones, realizar nuevas inversiones y cumplir con su dividendo con un precio del petróleo de entre 50 y 55 dólares por barril.

La deuda se acumula a pesar de los recortes de miles de millones de dólares en nuevos proyectos y en las actuales operaciones. La cancelación de los préstamos podría pesar sobre las empresas durante años y limitar su capacidad para hacer otras inversiones y para seguir bombeando cada vez más petróleo y gas.

Inversión insuficiente

"Simplemente no están gastando lo suficiente como para aumentar la producción", dijo Jonathan Waghorn, cogerente de cartera en Londres para el Guinness Atkinson Asset Management, que ayuda a supervisar más de 400 millones de dólares en una gama de fondos de energía, incluyendo acciones de Exxon, BP, Chevron y Shell.

Las compañías petroleras aseguran que tienen muchas herramientas a su disposición para pagar su deuda, incluyendo la venta de activos, la oferta a los accionistas de más acciones en lugar de un dividendo en efectivo, así como seguir reduciendo costes. Tipos de interés históricamente bajos están ayudando a aliviar un poco el dolor.

También dicen que estos niveles de deuda son transitorios, mientras las empresas se reestructuran, y que la deuda se reducirá cuando suban los precios del petróleo.

Este año "estamos en una etapa de transición", dijo el presidente ejecutivo de Shell, Ben van Beurden, durante la presentación de resultados del mes pasado. La compañía anunció un aumento de la deuda neta hasta por encima de los 75,000 millones de dólares al final del segundo trimestre, en gran parte debido a la adquisición de BG Group.

Sin embargo, analistas e inversionistas señalan que la caída del petróleo hace que a las empresas les resulte más difícil que nunca obtener fondos para cancelar deuda mediante la venta de activos. La entrega de más acciones a los inversores sólo pospone el problema del pago de dividendos; en algún momento, las empresas tendrán que pagar.

Incluso el impulso que muchas empresas obtuvieron de las ganancias de sus divisiones de refino -que tienden a mejorar cuando los precios del petróleo son bajos- parece estar llegando a su fin, mientras un exceso de gasolina erosiona los precios del combustible, dicen inversores y analistas.

Decisiones drásticas

"La pregunta es, ¿pueden pasar este año y el próximo sin hacer algo radical, como suspender los dividendos?", se preguntó Iain Reid, analista sénior de petróleo del banco de inversión Macquarie Capital.

El aumento de la deuda neta ha contribuido a elevar el gearing de estas empresas, la proporción de la deuda neta de una compañía respecto de su patrimonio. Se trata de una medida clave de riesgo financiero que influye en las calificaciones otorgadas por las agencias de crédito.

S&P ha rebajado las calificaciones de Shell, Chevron, Exxon y BP, aunque en el caso de todas estas empresas siguen siendo muy altas.

El gearing de Shell está en el 28%. El director financiero de la compañía, Simon Henry, dijo el mes pasado que incluso podría alcanzar un máximo del 30%. El gearing de BP supera el 25%, el de Chevron es 20% y el de Exxon ronda el 18%.

En 2012, el gearing de Shell fue de alrededor del 10% y el de Exxon fue del 1.2%. En 2005, cuando los precios del petróleo subían de manera constante, Exxon no tenía ninguna deuda, y sus ganancias eran tan altas que sus ejecutivos y los de otras grandes petroleras fueron llamados a declarar ante el Senado de EU por sus beneficios extraordinarios.

Patricia Yarrington, directora financiera de Chevron, señaló en abril que los altos niveles de deuda de la compañía eran de esperar. "Podemos manejarlo si es temporal", manifestó.

El presidente ejecutivo de Exxon, Rex Tillerson, ha asegurado a los inversores que Exxon mantiene su compromiso de pago de dividendos. La compañía ha aumentado los pagos a los accionistas durante 34 años consecutivos. Tillerson y otros han señalado que Exxon tiene la capacidad de pedir prestado.

Oportunidades estratégicas

En todo caso, la compañía ha señalado su disposición a endeudarse para aprovechar oportunidades estratégicas como la compra de activos de InterOil, una pequeña empresa dedicada a la exportación de gas de Papúa Nueva Guinea, que Exxon acordó adquirir en julio por un precio estimado de 2,500 millones de dólares.

"No vamos a renunciar a oportunidades atractivas", dijo Jeff Woodbury, vicepresidente de relaciones con los inversores de Exxon, en una comunicación con estos el mes pasado.

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