Es normal que a los inversionistas se nos caliente con frecuencia la boca y veamos gigantes donde sólo hay molinos de viento. Ver un alza que dure más de tres sesiones nos puede. Y si no hemos entrado nos estaremos mordiendo las uñas.

Aquí los fundamentales juegan un papel secundario y pocos inversionistas frenan sus ganas de comprar por el hecho de que el valor en cuestión esté cotizando a 40 veces beneficios. Sube y hay que estar en ese tren a cualquier precio. La experiencia demuestra que lo aconsejable es dejar que sea el gráfico quien nos hable.

Las tendencias están ahí. Y si tienen que cambiar, tendremos pruebas evidentes de que lo están haciendo. Es muy peligroso llevar nuestro sentimiento alcista o bajista al gráfico, porque nos podemos llevar más de un disgusto.

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