La crisis financiera no sólo se ha visto reflejada en los resultados per se medidos a partir de los índices bursátiles; conforme pasan los años, se han venido recrudeciendo, más en las economías emergentes, en la supuesta falta de cultura financiera.

Y decir que la gente es poco culta en temas monetarios resultaría muy aventurado conjeturarlo a la vista de procesos de administración de los recursos cuando éstos, en la mayoría de los habitantes, son escasos. Podemos cerrarlo en un tema de falta de conocimiento de las oportunidades de ahorro e inversión.

A partir de los resultados de una serie de simuladores bursátiles, aplicados a grupos de personas aparentemente con una preparación profesional, acentúan la crítica sobre la racionalidad de la gente y su proceso de toma de decisiones de inversión.

Todos, en igualdad de circunstancias, no hacen más que guiarse por los sesgos ampliamente revisados y discutidos por los investigadores: apego a las marcas, a los altos precios, a las corazonadas, a las tendencias, a la compra en periodos alcistas (negándose a grandes ganancias), a la venta en periodos bajistas (aceptando pérdidas cuantiosas), tratando de minimizar las pérdidas antes que maximizar las ganancias y, sobre todo, una amplia expectativa sobre la posibilidad de enriquecerse a costa de la Bolsa en el menor plazo posible.

Esto no es un problema de falta de cultura o racionalidad, de inicio todos pretenden ganar. La nula información sobre los beneficios del ahorro, esquemas de inversión, horizonte de planeación, ajuste en los hábitos de consumo, hacen que los mexicanos quedemos expuestos a no poder posponer nuestro consumo actual por otros beneficios futuros por la simple razón que lo desconocemos.

Éste es solamente un eslabón roto en la cadena de inversión; temas como accesibilidad a los fondos, dominio de los inversionistas institucionales, alta concentración empresarial, tanto en los mercados como en los agentes, y el nulo interés de las autoridades en materia por el proceso de difusión de la información, así como la no participación de las instituciones educativas en formular esquemas de preparación financiera han contribuido enormemente a depositar las posibilidades de movimientos en la Bolsa Mexicana de Valores en manos de recursos extranjeros, siendo éstos los más beneficiados por los buenos resultados que los mercados emergentes están arrojando.

Condición suficiente y necesaria para el desarrollo de una nación: el ahorro mediante procesos adecuados y oportunos de inversión.

*El MF Ricardo Gutiérrez es profesor del Tecnológico de Monterrey Campus Toluca y Campus Santa Fe. [email protected]