Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), Banorte y Femsa tienen la fortaleza financiera y operativa para resistir la incertidumbre y volatilidad que generan las elecciones, la prolongada renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la política monetaria más restrictiva en Estados Unidos.

En eso concluyó un análisis de Intercam Casa de Bolsa en el que explica que la incertidumbre y volatilidad en los mercados generalmente ahuyentan las inversiones y aumentan la aversión al riesgo.

GAP, Banorte y Femsa, empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, lucen defensivas porque “no se verán severamente afectadas por la ciclicidad de eventos coyunturales como las elecciones.

GAP es atractivo para invertir porque los aeropuertos que opera, como el de Guadalajara y Tijuana, generan fuerte flujo de efectivo, distribuye dividendos atractivos entre sus accionistas. Está protegido ante la volatilidad cambiaria porque alrededor de 50% de sus ingresos son en dólares.

Femsa, dueña de las tiendas OXXO y de la embotelladora de Coca-Cola, es defensiva porque los productos que ofrece son de consumo básico, no son tan sensibles a ciclos económicos.

Para Intercam, Banorte se ve fuerte ante el entorno porque sus activos son de calidad, la operación es eficiente y el índice de capitalización fue de 17.58% al cierre de marzo, lo que garantiza su rentabilidad. Además, beneficiada por el alza en tasas de interés.

El riesgo para el TLCAN es que la renegociación se extienda hasta el 2019, pues concluyó el plazo para tener un acuerdo para que el Congreso de EU apruebe el Tratado, lo cual no sucedió. Aún queda pendiente el capítulo automotriz.

Por el lado de las elecciones del 1 de julio, un posible triunfo del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, que lleva la delantera en las encuestas, aumentaría la volatilidad en los mercados, por el modelo económico que propone y sus promesas de dar marcha atrás a las reformas estructurales como la educativa, energética y laboral.

“Hay riesgos de un viraje en las políticas públicas que acaben por aumentar el déficit de las finanzas públicas, frene el avance de las reformas y provoque más incógnitas en la estabilidad macroeconómica, lo que pudiera desembocar en una fuga de capitales”, advierte.

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