Washington. El presidente Trump recibió en la Casa Blanca al mandatario egipcio, Abdel Fattah al Sisi, a quien calificó como gran presidente.

Paradójicamente, Trump criticó al sistema judicial de su país por obstaculizar las decisiones que él toma en materia migratoria. Si bien es cierto que las quejas de Trump sobre los tribunales federales y los controles constitucionales no son nuevas, parecían discordantes cuando se sentó junto a Sisi, un exjefe militar que ha protagonizado un régimen autoritario donde la constante son sus ataques en contra del Poder Judicial.

Desde que asumió el poder luego de un golpe militar en el 2013, Sisi ha encarcelado a opositores, y supuestamente ha aprobado su tortura, ha arrinconado a la prensa y ha silenciado a los críticos mientras ampliaba el poder de las fuerzas de seguridad.

Un informe de Human Rights Watch del 2017 estima que hay hasta 60,000 presos políticos en Egipto.

Sisi elogió a Trump, aunque dijo que “las relaciones no han sido las mejores” entre Egipto y Washington. Permaneció en silencio mientras Trump se quejaba de los controles legales y del Congreso sobre sus políticas de frontera e inmigración.

Egipto recibe anualmente más de 1,000 millones de dólares en ayuda militar de Estados Unidos, una cifra que Trump no ha reducido a pesar de su propuesta de recorte del presupuesto en ayuda exterior.