Hasta hoy los 86 países que mantienen relaciones diplomáticas con Israel tienen su embajada en Tel Aviv. No fue siempre así. Varios países tenían embajadas en Jerusalén en el pasado, pero decidieron trasladarlas a Tel Aviv después de que Israel declaró a Jerusalén capital “una e indivisible” de su Estado, en agosto de 1980.

La división se remonta a 1948, cuando la ONU anunció que el territorio británico que antes se conocía como Palestina se dividiría en dos estados independientes: Palestina e Israel. Se suponía que Jerusalén se convertiría en una “ciudad internacional”, pero en 1967, en la guerra de los Seis Días, los israelíes unificaron Jerusalén bajo su control. La comunidad internacional cree que, mientras se alcanza un estatuto final para la ciudad entre las dos partes, las embajadas no deben ubicarse en Jerusalén.

El llamado estatus final de la ciudad ha sido uno de los puntos más delicados en años de conversaciones entre palestinos e israelíes. Los palestinos también consideran a Jerusalén como la capital de un futuro estado palestino que esperan establecer. Jerusalén Este sigue siendo en gran parte árabe.

Trump ha dicho que el establecimiento de la embajada en Jerusalén no implica que Washington considere cerradas las posibles discusiones sobre futuros arreglos territoriales dentro de la ciudad en caso de que prosperen las negociaciones y desemboquen en un eventual Estado palestino, pero los palestinos argumentan que las decisiones del presidente invalida a Estados Unidos como intermediario para la paz en Medio Oriente.