Mientras que empresas energéticas de España, Rusia y Malasia hacen fila para perforar en busca de petróleo en aguas cubanas a 96 kilómetros de los Cayos de Florida, las agencias estadounidenses luchan por improvisar planes de emergencia para proteger los frágiles arrecifes, playas de arena y una industria turística de miles de millones de dólares en el caso de un derrame.

La elaboración de planes de contingencia para hacer frente a un posible derrame es más difícil a causa del embargo económico contra Cuba. Las leyes de Estados Unidos prohíben a la mayoría de las empresas estadounidenses, incluidas las de servicios petroleros y los contratistas de contención de derrames, hacer negocios con la isla comunista. El embargo, que este año cumple su 50 aniversario, también limita las conversaciones directas de gobierno a gobierno.

En el vacío, un almirante de la Guardia Costera en Miami y una docena de tecnócratas de Cuba y EU han comenzado a participar silenciosamente en una alianza incómoda por la necesidad de proteger sus costas; separados por la política, pero unidos por la poderosa corriente del Golfo.

La necesidad de planificar una respuesta detallada en caso de un posible derrame en aguas cubanas es impulsada por los recuerdos de la catástrofe de la plataforma Deepwater Horizon en el 2010 en el Golfo de México.

El accidente de la Deepwater Horizon, el derrame marítimo más grande hasta ahora, implicó una respuesta masiva por parte del gobierno de Estados Unidos para contener lo que los expertos consideraron desastre prevenible provocado por errores de juicio de tres grandes empresas de perforación petrolera: BP, Halliburton y Transocean.

Ahora imaginen que algo así suceda entre las aguas de dos países que ni siquiera se hablan el uno al otro , indicó Jorge Piñón, investigador en el Centro Internacional de la Energía y Medio Ambiente en la Universidad de Texas.