Berlín. Es difícil encontrar algo que no sea antisemita en un acto  que se vivió durante la Pascua en la ciudad polaca de Pruchnik.

Sobre el suelo, los residentes colocaron una efigie llena de paja, a la que agregaron los estereotipos más usados sobre los judíos.

Posteriormente, niños y adultos comenzaron a golpear la efigie con palos, antes de quemar a Judas.

Con el incremento de ataques antisemitas en toda Europa, esta semana hubo una condena generalizada por el “resurgimiento” de una tradición a la que las organizaciones judías reaccionaron con “repugnancia e indignación”.

La Iglesia católica polaca se unió al coro de críticos, junto con el ministro del interior polaco, que calificó el incidente de “idiota”.

En varias partes del mundo existen tradiciones sobre la quema de Judas. En Grecia, las autoridades rechazan las críticas al sustentar la tradición, dicen, en el Nuevo Testamento y en la traición de Judas a Jesús.

Ni con la guerra aprenden

Mientras que la Iglesia católica enseñó durante gran parte del siglo pasado que la muerte de Jesús debía ser atribuida a los judíos, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto provocó un replanteamiento y el abandono de esa interpretación dentro de la Iglesia.

En el 2015, por ejemplo, grupos extremistas polacos de derecha quemaron en la ciudad de Wroclaw una efigie similar que representaba a un judío ortodoxo en protesta por la política migratoria de la Unión Europea, poco después de los ataques del Estado Islámico en París.

La efigie tenía sorprendentes similitudes con George Soros , un inversionista judío y donante liberal.

En declaración sobre lo ocurrido en Pruchnik, el Congreso Judío Mundial dijo: “Los judíos están profundamente perturbados por este repugnante resurgimiento del antisemitismo medieval que llevó a un sufrimiento inimaginable”.