Londres. La primera ministra británica, Theresa May, fue una de las primeras líderes mundiales en condenar los tuits racistas del presidente Trump dirigidos contra cuatro congresistas demócratas.

Mientras algunos le aplaudieron su reacción, otros le recordaron una campaña en la que ella jugó un papel central cuando se desempeñaba como ministra del Interior y que iba dirigida en contra de la inmigración.

Ayer, May criticó la creciente intolerancia, en un mensaje que muchos leyeron con claridad a dos destinatarios: Boris Johnson, quien probablemente la va a sustituir en el cargo, y al presidente Donald Trump.

May anunció su renuncia el mes pasado después de que el Parlamento rechazara su acuerdo de divorcio con la Unión Europea, cuyo objetivo era asegurar la salida ordenada de Gran Bretaña del bloque comunitario.

En su último gran discurso como líder, May condenó la política populista de “ganadores y perdedores, quienes consideran el compromiso y la cooperación de las instituciones internacionales como signos de debilidad, no de fortaleza”.

May defendió la cooperación internacional y destacó la necesidad de preservar el acuerdo climático de París y el acuerdo nuclear internacional con Irán, ambos rechazados por Trump.

Mala relación con Trump

Trump ha calificado a May como una política “tonta” por su manejo del Brexit y le ha dicho que tuvo que haber escuchado sus consejos para abandonar la Unión Europea.

La semana pasada, el embajador de Gran Bretaña en Washington renunció después de que Trump respondiera con furia a los despachos diplomáticos filtrados con los que el diplomático británico calificó como “caótica” y “disfuncional” a la Casa Blanca.

La relación entre May y Trump nunca fue buena.