Bogotá. De manera súbita, intencionalmente o no, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se convirtió en la abanderada del nacionalismo populista en América Latina cuando su país expropió una compañía petrolera española la semana pasada.

La expropiación de YPF cautivó a los argentinos y fue elogiada por nacionalistas como Venezuela, aun cuando la izquierda radical política en América Latina tiene severas dudas con respecto a su futuro.

El líder más grandilocuente de la región, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien manifiesta que su autoproclamada revolución debe sustituir a lo que él llama el capitalismo salvaje está tan enfermo de cáncer que ha llegado a suplicarle a Dios en público salvar su vida. Y en Cuba, el gobierno de los Castro, de 53 años, actualmente recurre a reformas que buscan mantener a flote a una economía moribunda.

Así que el anuncio de Argentina la semana pasada, con todo y un desafiante discurso de Fernández y la remoción de los ejecutivos de YPF de su oficina en Buenos Aires, impulsó a todos aquellos quienes creen firmemente que el Estado triunfará sobre los intereses de las empresas privadas en América Latina.

Es la posición correcta. Uno no puede permitir que un país con un importante consumo interno y las proyecciones de crecimiento de Argentina vea cómo las empresas trasnacionales explotan y se llevan el petróleo, mientras no invierten para aumentar la capacidad de producción , expuso Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo de Venezuela.

Pero aun cuando el Senado argentino se dispone a aprobar la expropiación esta semana, el movimiento de Fernández acentuó el abismo que existe entre un grupo de países nacionalistas liderados por los carismáticos populistas y los centristas económicas que gobiernan la mayor parte del resto de la región, sobre todo Brasil.

Bloqueada de los mercados financieros mundiales por el incumplimiento de una deuda de 100,000 millones de dólares hace una década, Argentina restringe las importaciones, impone controles de cambio y precio, y ha utilizado un sistema de pensiones nacionalizado y sus reservas del banco central para pagar la deuda.

Con la nacionalización de YPF, el país ahora luce cada vez más como el modelo del Estado intervencionista del general Juan Perón, que sigue siendo un faro para el actual gobierno a 60 años de su primer mandato.

De hecho, Argentina tiene más en común con un grupo de otros cuatro países de América Latina, liderado por Chávez, que tienen el poder centralizado en el Ejecutivo, entre los que se encuentran Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, estos últimos son dos de los países más pobres del hemisferio.