Berlín. En el Checkpoint Charlie, donde los tanques soviéticos y estadounidenses alguna vez se apuntaran mutuamente separados por apenas 30 metros, las tensiones de la Guerra Fría todavía son elevadas.

Un grupo internacional de investigadores, respaldados por el gobierno de centro-izquierda de Berlín, quiere construir un museo de la Guerra Fría en una parcela cubierta de escombros, al argumentar que uno de los sitios más conocidos de la confrontación entre el occidente capitalista y el este comunista no debe ser abandonado a oportunistas y vendedores de sombreros del Ejército Rojo.

Pero un grupo de políticos conservadores, marcado por los recuerdos de la ciudad dividida, afirma que los planes para el museo son excesivamente simpatéticos con los comunistas. Ellos quieren construir un museo en otra parte de la ciudad que, según dicen, celebre la libertad.

Mientras tanto, el terreno baldío en el Checkpoint Charlie se ha cubierto de puestos de comida que ofrecen curry Checkpoint y Alimentación Orgánica de Poder.

Unos 700,000 turistas llegan cada año, de acuerdo con cifras de la ciudad, se fotografían con actores vestidos de soldados soviéticos y americanos, y caminan a través de un excéntrico museo privado que fue construido por un hombre que ayudó a escapar a los berlineses del este al oeste.

Con cada vez menos huellas de la división en Berlín, los partidarios del nuevo museo aseguran que es el momento de adoptar un enfoque académico sobre la historia de un importante conflicto geopolítico que vio algunos de los enfrentamientos más espectaculares de la ciudad.