Entrevista. Mammad Talibov, embajador de Azerbaiyán en México

Ciudad de México. No es común en nuestros días escuchar las palabras “multiculturalismo” y “multiétnico” en voz de un presidente o primer ministro. El embajador de Azerbaiyán en México, Mammad Talibov, en entrevista con El Economista, resalta los rasgos sociales de su país con estas palabras, y recuerda que el papa Francisco identifica al país como modelo de tolerancia.

Tradicionalmente Azerbaiyán ha basado su crecimiento económico gracias a la exportación de gas y petróleo, sin embargo, el embajador recuerda que el presidente de su país ha dicho recientemente que la “era del petróleo ya se acabó”; existe un programa, recuerda, cuyo nombre es “Convirtiendo el oro negro en oro humano”, y consiste en canalizar grandes inversiones a la educación, a la teconología, a la agricultura y al turismo.

Pese a lo anterior, el principal socio comercial de Azerbaiyán hoy en día es Italia, país al que le vende recursos energéticos y se los distribuye a través de un gasoducto que cruza seis países. De igual manera, el embajador destaca su relación con Turquía cuya red de gasoducto le abre la puerta del Mediterráneo.

Relación con México

Hace 11 años, Azerbaiyán eligió a México como primer país latinoamericano en abrir una embajada. Y para respaldar la reciprocidad, México abrió su legación en Bakú que, a la fecha, es la única que mantiene en la región del sur del Cáucaso.

“Sobre el conflicto con Armenia, siempre apreciamos que México ha estado del lado del derecho internacional, apoyando a su soberanía del país desde el punto de vista de la territorialidad”, indica el embajador Mammad Talibov. El pasado 27 de septiembre, y a más de 30 años del inicio del conflicto del Alto Karabaj (o Nagorno Karabaj), Armenia y Azerbaiyán cruzaron otra vez disparos y misiles, dejando muertos y heridos. El embajador recuerda que “en 1992 la ONU reconoció este territorio como parte de Azerbaiyán”.

“Shock en la Unión Soviética”

Estos reclamos, indica el embajador, de parte de Armenia empezaron en 1988 cuando ambos países formaban parte de la Unión Soviética”. “Primero empezó con una limpieza étnica de 300,000 azerbaiyanos que vivían en Armenia (10% de la población azerbaiyana); fue un shock en ese momento ya que en la Unión Soviética no había ese tipo de problemas. Después, Armenia pidió a la Unión Soviética anexar a su región Nagomo Karabaj”.

Con la llegada del primer ministro armenio Nikol Pashinián, comenta el embajador, se pensaba que la relación entre ambos países iba a mejorar, sin embargo, “Pashinián ha sido muy radical y dijo que las negociaciones de 28 años tienen que empezar de nuevo porque no está de acuerdo con ellas”.

La ciudad de Agdam es reconocida, comenta el embajador, como “Hiroshima del Cáucaso” por el nivel de destrucción. Trataron de erradicar la herencia cultural de Azerbaiyán en esa ciudad.