Berlín. Hay 4,169 kilómetros entre Berlín y Washington. Pero, en cuanto a política económica, las dos capitales a veces parecen estar en planetas diferentes.

Alemania ha adoptado una firme y aborrecida austeridad impulsada por el intento de solucionar la recesión en Europa, con lo que ha empujado a los países con mayores conflictos económicos a reducir drásticamente el gasto público y cortar su deuda pese a las caídas de sus economías. Estados Unidos enfrentó su propia crisis con un paquete de estímulo de 862,000 millones de dólares en el 2009, que llevó a su deuda a niveles no vistos desde los años consecuentes a la Segunda Guerra Mundial, pero con ello pudo haber disminuido el impacto de su propia crisis.

La canciller alemana, Angela Merkel, sus asesores e incluso gran parte de la oposición alemana ven los problemas en Europa en términos radicalmente diferentes que la administración de Obama. El impulso de Merkel de luchar contra la deuda a toda costa con el fin de aumentar la confianza de los inversores ha sido el núcleo de la respuesta europea a la crisis, debido a que la potencia industrial de Alemania ha sido quien ha sentado las bases. Pero Merkel ha sido objeto de fuertes críticas de parte de los estadounidenses quienes afirman que sus esfuerzos están fuera de lugar.

Los diferentes enfoques probablemente dominarán las discusiones en la cumbre del G-8 .