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Cataluña celebra elecciones regionales marcadas por la pandemia y una elevada abstención de votantes
La imagen del sufragio, cuyos resultado se conocerán en pocas horas, fueron personas infectadas o en cuarentena votando presencialmente, ante un personal electoral cubierto de pies a cabeza con equipos blancos de protección.

Foto: Reuters
Escenario en 2017 de un intento de secesión, Cataluña celebró este domingo unos comicios marcados por la pandemia y la elevada abstención en la que los independentistas podrían conservar la mayoría absoluta en el Parlamento de esta región española.
La imagen del sufragio, cuyos resultado se conocerán en pocas horas, fueron personas infectadas o en cuarentena votando presencialmente, ante un personal electoral cubierto de pies a cabeza con equipos blancos de protección.
Para este colectivo se reservó la última hora de votación, que terminó a las 19:00 GMT tras una jornada marcada por las medidas sanitarias: mascarilla obligatoria, distancia interpersonal, control de aforos y toma de temperatura.
La pandemia eclipsó la contienda política de los comicios, en los que el jefe de gobierno español Pedro Sánchez envió como candidato a su exministro de Sanidad Salvador Illa, cara visible de la lucha contra el virus, para desbancar a los independentistas.
Según un sondeo publicado al cierre de las urnas por la televisión local TV3 y realizado en las últimas dos semanas, Illa habría quedado en cabeza en número de votos (24.5%).
Pero en número de escaños, se habría visto superado por el partido separatista Izquierda Republicana (ERC) en el Parlamento regional, donde las diferentes formaciones separatistas ensancharían su mayoría absoluta con entre 73 y 80 diputados de 135.
Así, las divisiones internas tras el fracaso de 2017 no habrían pasado factura al independentismo, que experimentaría un cambio de liderazgo con el adelanto de ERC a sus socios de coalición Juntos por Cataluña.
Elevada abstención
En un contexto de alta incidencia del virus, la participación se desplomó. A las 18:00 (17:00 GMT), sólo habían votado 45.6% de los 5.6 millones de electores, 22 puntos por debajo de los comicios en 2017, que batieron un récord de movilización.
"Dudé hasta el último momento si venía a votar o no (...) Creo que estas elecciones deberían haberse pospuesto", reconoció Cristina Caballero, una educadora infantil de 34 años en Barcelona.
"No es el mejor momento para hacer elecciones (...), pero cuando vas a trabajar cada día en metro, también te estás exponiendo", dijo Sergi López, de 40 años.
El gobierno regional había intentado aplazar los comicios a finales de mayo por la pandemia pero la justicia lo impidió.
Aunque se temía a una desbandada de los ciudadanos designados por sorteo para trabajar en el dispositivo electoral —más de un 40% habían pedido no ir—, todos los puntos de votación pudieron abrir.
"Tenía miedo a venir, pero también a que te multen si no vienes. Al final, no te queda opción", dijo Xavier Navés, técnico audiovisual de 45 años.
Para minimizar el riesgo de contagio, las autoridades establecieron puntos de votación en espacios abiertos como el entorno del estadio del FC Barcelona o una plaza de toros en la ciudad de Tarragona.
Los votantes entraban a cuentagotas y hacían fila en el exterior bajo una molesta e intermitente lluvia.
"Después dirán que hay mucha abstención. Está lloviendo, hay colas, nos estamos mojando...", criticó Josep Maria Prats, un trabajador sanitario de 59 años en Barcelona.
Escasas opciones para Illa
Cataluña, una rica región de 7.8 millones de habitantes en el noreste de España, vive sumida en la inestabilidad política con cinco elecciones regionales desde 2010, cuando empezó a crecer el independentismo.
La tensión alcanzó su punto máximo en octubre de 2017, por la celebración de un referéndum ilegal de autodeterminación marcado por la violencia policial y la fallida proclamación de una república.
El presidente regional de entonces, Carles Puigdemont, está exiliado en Bélgica y otros nuevo dirigentes cumplen penas de entre 9 y 13 años de prisión por sedición.
Llegado al poder en 2018, Sánchez buscó apaciguar la situación e incluso creó una mesa de negociación ahora paralizada a cambio de que ERC facilitara su renovación en el cargo en 2019.
El dirigente español se empleó a fondo en estos comicios, en los que su partido prometía "pasar página" a una década de agitación separatista.
Pero las opciones para Illa son escasas, toda vez que ERC, JxC y otras dos formaciones separatistas se comprometieron a no cerrar pactos de gobierno con los socialistas.
Aun así, el ejecutivo central puede verse beneficiado si se confirmara la victoria de ERC, que reforzaría la estrategia negociadora de esta formación frente a la línea más radical del partido de Puigdemont.
En cualquier caso, las negociaciones se auguran complicadas ante un hemiciclo altamente fragmentado, con hasta nueve formaciones, sin descartar la posibilidad de una repetición electoral.