En la última década, dentro de los países de la OCDE, los precios de los productos agroalimentarios han aumentado más rápido que el resto de precios de la economía siguiendo la tendencia mundial , pero en México esa brecha es aun mayor, lo cual puede ser signo de distorsiones de competencia en los mercados, aunque también de otras problemáticas como altos costos de transacción, de ajuste y almacenamiento, expectativas y percepción de los consumidores, incluso la intervención del Estado, reveló la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece).

En México, del 2005 al 2014, la diferencia entre la inflación de los productos alimentarios y la del resto de la economía fue de 23.2 puntos porcentuales, la más alta comparada con el resto de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Mientras que en países como Italia, Estados Unidos y España, el alza de los precios de los alimentos por arriba de los demás productos representó una brecha de entre 3.3 y 6.9 puntos porcentuales, dicha brecha fue considerablemente mayor en Canadá (13.7), Reino Unido (18.7), Hungría (19.7), Turquía (20.1) y México (23.2), dijo la Cofece en su Reporte sobre las condiciones de competencia en el sector agroalimentario , publicado.

En el extenso reporte que puso a disposición en su página web, el órgano de competencia esbozó un diagnóstico del entorno competitivo del sector y emitió una numerosa lista de recomendaciones de políticas públicas para favorecerlo, dentro de las que destacan la mejora en el monitoreo de mercados, pues dijo que en México la información estadística sobre los intermediarios agropecuarios es limitada, así como la observación de precios en las fases intermedias de la comercialización agrícola.

Sobre el aumento de los precios de los productos agrícolas al consumidor en México, la Cofece halló evidencia de que en diversos casos éstos son más receptivos a los precios al productor, cuando éstos suben, y menos receptivos cuando bajan, lo cual crea un sesgo alcista que puede deberse a problemas de competencia, pero también a la presencia de costos de transacción, de ajuste y de almacenamiento; así como la valoración, expectativas y percepción de los consumidores, y la intervención del Estado .

Subsidios, perjudiciales

En su estudio, la instancia antimonopolios aseguró que la intervención del gobierno en los mercados agroalimentarios a través de los subsidios afecta la libre competencia, ya que se modifican los costos de algunas actividades y, por lo tanto, incide en las decisiones de los productores. Los subsidios son más perjudiciales para la competencia, en la medida en que pueden beneficiar a unos productores en detrimento de otros , detalla.

En ese sentido, recomienda que para minimizar su impacto negativo, dichos subsidios estén sujetos a criterios de no beneficiar a unos productores en detrimento de otros; tener claro el objetivo y el tiempo durante el cual se van a aplicar; ser transparentes; sujetarse a evaluaciones periódicas y abstenerse de otorgarse con cualquier otro criterio que altere las condiciones de competencia y libre concurrencia.

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