Las políticas proteccionistas para la generación de biocombustibles en Estados Unidos, que incluyen subisidios a la agricultura y consumo para estos fines sin modificaciones a las tasas de exportación cuestan a México hasta 500 millones de dólares al año gracias a las crecientes importaciones de maíz que el país se ha visto obligado a realizar en la última década.

El último reporte de la asociación que analiza los factores de pobreza en 50 países, ActionAid, urge a las autoridades mexicanas a que tomen cartas en el asunto, ya que con los recursos que se están dejando en la importación de este grano desde Estados Unidos, se podría financiar a agricultores mexicanos para la producción de hasta 700,000 toneladas métricas de maíz al año, reduciendo año con año 10% de la dependencia que actualmente se tiene con el vecino del norte.

Tras el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, México aumentó sus importaciones de maíz, sobretodo de Estados Unidos, que hoy alcanzan la tercera parte del consumo nacional. Con ello, señala el estudio, México aumentó de 7 a 34% su dependencia del extranjero para el suministro de maíz de 1994 a la fecha.

Científicos de la Universidad de Stanford calculan que en los últimos 20 años la producción mundial de maíz declinó entre 3.8 y 5.5%, fenómeno derivado directamente del cambio climático; además, el mercado de los commodities energéticos sufrió un incremento de 13 billones de dólares en 2003 a casi 400 billones de dólares en 2011.

Todo ello eleva significativamente los costos de productos básicos como el maíz para generación a partir de biocombustibles. Actualmente, cerca de 40% de la producción estadounidense de maíz es utilizada para la generación de biocombustible, mientras que hace una década se usaba menos de 5 por ciento; ello representa el 15% de la producción global.

El drástico aumento en el uso de etanol derivado del maíz en EU ha sido impulsado por factores como los créditos que el gobierno estadounidense otorga para esta práctica, que en 2006 alcanzaron los 6 billones de dólares para cumplir con las metas de reducción en el uso de combustibles fósiles y contención del cambio climático que apuntan a que en 2022 se alcance un contenido de al menos 15% de etanol en el consumo estadounidense de gasolinas.

"El gobierno mexicano debe usar su influencia como anfitrión del G20 para asegurarse de que se disminuya la relación entre el crecimiento del uso de biocombustibles en países exportadores y el aumento de los alimentos entre quienes importan", señala el reporte, "en tanto, el gobierno de Estados Unidos debe regular el volumen de la producción de maíz para bioethanol y asegurarse de que se continúe con los volúmenes adecuados de mezcla con gas".

kgarcia@eleconomista.com.mx