La cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAICM) traería consigo pérdidas millonarias y la interrupción de una obra que ha sido de gran valor y aprendizaje para la industria de la construcción nacional, alertó el gremio mexicano de constructores.

“Hay quien pide la cancelación de la obra del nuevo aeropuerto diciendo que no pasaría nada. Yo me pregunto: si hay 140,000 millones de pesos de obra contratada, de los cuales se habrá ejercido 30 o 40% hacia el fin de sexenio, ¿qué pasa con eso? Claro que hay una pérdida”, manifestó Gustavo Arballo, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).

El dirigente empresarial omitió nombrar al político que enarbola la propuesta de la cancelación, pero se refería a Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, quien considera que la obra es costosa y se puede sustituir por la apertura de una terminal aérea alterna al actual aeropuerto capitalino, utilizando la base militar de Santa Lucía, en el Estado de México. “Cuando la obra del NAIM arrancó se inició con los análisis técnicos correspondientes. No podemos andar jugando institucionalmente con cancelar este tipo de obras”, reprochó Arballo Luján.

Concedió que es hasta cierto punto natural que un nuevo gobierno haga revisiones de proyectos aprobados por sus predecesores y pueda hacer algunos ajustes, pero siempre que las obras no estén avanzadas o involucren grandes inversiones. “Entiendo que habrá otras de otro tipo, de menor cuantía, que pudieran ser susceptibles de alguna revisión, pero no el nuevo aeropuerto, por lo que implica”, dijo.

De acuerdo con la última actualización, se calcula que el NAIM tendrá un costo de 13,300 millones de dólares. El actual gobierno espera terminar el sexenio con un fondeo de 8,500 millones de dólares, levantados a través de los mercados financieros con bonos, bonos verdes, un Fibra E y créditos.

Concebido para ser uno de los aeropuertos más grandes y modernos del mundo, el NAIM representaba un enorme reto para las constructoras mexicanas, y había la tentación de dejarlas fuera de los componentes más grandes de la obra por su complejidad técnica y por la falta de experiencia en proyectos similares, afirmó la CMIC.

“No había en México un antecedente de obra similar, pero eso no quiere decir que las empresas mexicanas no pudieran hacerla y el ejemplo está claro”, dijo Gustavo Arballo, quien recuerda, orgulloso, que el consorcio de empresas que ganó la construcción del edificio terminal del NAIM, “el corazón del filete” del proyecto, es mexicano.

Las constructoras mexicanas aprendieron que tienen que trabajar de manera conjunta porque obras de esa naturaleza tienen que socializarse, dice, pero matiza: “También hay que generar alianzas cuando corresponda con empresas extranjeras. Pero alianzas, que es muy diferente a que las obras queden en manos de extranjeros y luego vengan a subcontratar a las empresas mexicanas”.

Finalmente, Gustavo Arballo destacó la necesidad de tener instituciones más fuertes para que funcionen los proyectos transexenales, así como de sacar las grandes obras de la lógica político electoral.

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