Hace 20 años, la familia Salazar llegó al Distrito Federal procedentes de Michoacán, sólo contaban con unos ahorros, y decidieron abrir una pequeña tienda. Hoy, este negocio se ha convertido en un minisúper que puede competir con las tiendas de conveniencia.

En 1992, llegué con mi familia del interior de la República Mexicana, no conocíamos a nadie ni tampoco teníamos trabajo, sólo contábamos con algunos ahorros de lo que previamente habíamos ganado en otras actividades, así que mi mamá decidió invertir esos recursos en un pequeño negocio de abarrotes , recordó Roberto Salazar, administrador de Abarrotes Salarri.

La familia empezó vendiendo dulces, refrescos y algunos otros productos de consumo de primera necesidad y el negocio era impulsado por la fuerza de trabajo de él y sus tres hermanos. Así pasaron varios años, hasta que hace tres abrieron enfrente de su local un minisúper de una cadena comercial.

Cuando eso pasó tuvimos miedo de quebrar, pues los clientes empezaron a dividirse entre los dos establecimientos y nuestras ventas comenzaron a bajar. Estos negocios utilizan varias estrategias para captar a clientes, como bajar los precios al principio y luego subirlos, ya que han ganado posicionamiento , detalló Amada Salazar, encargada de la tienda.

Destacó que al ver que las ventas caían buscaron la manera de mejorar el negocio y entrar en un programa de consultoría y capacitación a través de la Fundación para el Desarrollo Sostenible y Mi Tienda, a través de la Secretaría de Economía, mismo que los llevó a la mejora de las prácticas administrativas.

Salazar aseguró que tras poner en marcha las medidas, las ventas aumentaron 100%, ampliaron el negocio con una farmacia y ahora están compitiendo por la clientela e incluso con la propia que los prefiere por arriba las cadenas comerciales.