La Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) mantuvo sin cambio el objetivo de la tasa de fondeo en 7.75% y con ello se desalineó de la tendencia que traía desde hace dos años, con los movimientos del rédito en Estados Unidos.

La decisión fue tomada por mayoría, por primera vez desde que asumió el cargo de gobernador Alejandro Díaz de León. Esto significa que un miembro de los cinco que integran la Junta de Gobierno discrepó del resto.

Además, por primera vez en el comunicado y en línea con el aviso de mayor comunicación y transparencia al que se comprometieron en abril, el banco central detalló que el disidente de la decisión pedía un alza de 25 puntos base.

El cuerpo colegiado identificó además que “las alzas de gasolina y gas LP, que se han presentado desde junio (...) han tenido efectos indirectos sobre los costos de producción, retrasando la convergencia de la inflación general a su meta”.

Esta contaminación de precios no se presentó ni siquiera el año pasado, cuando inició la liberalización de precios de gasolinas, tal como lo destacó el gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, ante inversionistas del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) a mediados de septiembre.

En el comunicado destacaron que aun cuando “se trata de choques de naturaleza temporal (...) han afectado el ritmo de disminución de la inflación subyacente”.

“Si bien dichos incrementos de precios tienen su origen en alzas en sus referencias internacionales, el ajuste gradual en la determinación de los precios internos de las gasolinas ha propiciado mayor persistencia en sus aumentos”, acotaron.

La citada inflación subyacente es identificada por el Banco de México como una “clasificación de utilidad para tomar las decisiones de política económica y para la elaboración de predicciones de la inflación”. Los precios de bienes y servicios que integran esta medición no están sujetos a decisiones administrativas, marcada estacionalidad o alta volatilidad.

Energéticos y gasto público, riesgos

La evolución esperada de la inflación continúa sujeta a riesgos y una marcada incertidumbre, señalan.

Además de advertir que se pueden presentar mayores presiones en los precios de los energéticos, como lo muestran las cotizaciones a futuro para algunos de éstos, identificaron un escalamiento de medidas proteccionistas a nivel global como otro detonante externo que afectaría a la inflación.

A nivel local, advirtieron que “un gasto público mayor al anticipado” así como negociaciones salariales “que no sean congruentes con las ganancias de productividad” serían también importantes presiones.

USMCA, positivo pero no compensa

A diferencia de otros comunicados donde advertían de riesgos sobre tipo de cambio, ahora colocaron como riesgos a la baja la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, lo que podría tener consecuencias favorables sobre los mercados y la cotización del peso.

Además explicaron que para guiar sus acciones de política monetaria, la Junta de Gobierno dará seguimiento cercano a la evolución de la inflación respecto de la trayectoria prevista, considerando la postura monetaria adoptada y el horizonte en el que opera.

Asimismo se va a tomar en cuenta la información disponible de los determinantes de la inflación y sus expectativas de mediano y largo plazos.

Tomando en cuenta este panorama advirtieron que “el balance de riesgos respecto a la trayectoria esperada para la inflación mantiene un sesgo al alza, en un entorno de incertidumbre”.

Recortes, lejanos

Analistas de Pantheon Macroeconomics y Goldman Sachs consideran que el llamado forward guidance, que es la indicación de elementos que determinarán la acción futura del Banco de México, es de un tono hawkish, que significa halcón, y supone baja tolerancia a la inflación.

No obstante, matizó Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs, “no aparecen indicaciones de alzas adicionales de tasas”.

Con él concuerda Alfredo Coutiño, director para América Latina de la consultoría Moody’s Analytics, quien además precisa que el tono hawkish reduce las probabilidades de que venga un recorte de tasas como parecen anticipar algunos participantes del mercado.

“Ni en comunicados, ni en los discursos de los miembros de la Junta de Gobierno se observan señales de que piensan bajar tasas”.

Consideran que harían mal en filtrar que habría la posibilidad de bajarlas. Para que se pueda tomar como objetiva la percepción de que viene un recorte de tasas, tendría que suceder que la inflación baje de 4% para el año entrante, dice.

Descarta también nuevas alzas de tasas, e igualmente no está de acuerdo con la posibilidad manejada por algunos analistas del sector financiero acerca de que se presenten recortes.

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