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Banquetas rotas e interrumpidas: el reto cotidiano de caminar en México
La falta de infraestructura peatonal continua y accesible puede aumentar los riesgos de caídas y limitar la movilidad, especialmente entre las personas mayores

Las banquetas deterioradas, estrechas, obstruidas o inexistentes dificultan los desplazamientos cotidianos en las ciudades mexicanas, donde dos de cada cinco habitantes se movilizan principalmente a pie.
Se estima que 37.2% de las manzanas urbanas del país cuenta con banquetas en todas sus calles, de acuerdo con la guía Abran Paso, elaborada por ONU-Hábitat y Liga Peatonal.
A las deficiencias en las banquetas se suma la falta de infraestructura accesible, ya que más de ocho de cada 10 manzanas no cuentan con rampas suficientes en las esquinas, lo que representa una barrera adicional para las personas que requieren condiciones adecuadas para desplazarse.
Una banqueta deteriorada o interrumpida puede obligar a las personas a modificar su trayecto, sortear desniveles y obstáculos o incluso descender al arroyo vehicular y compartir el espacio con automóviles.
“No necesitamos banquetas bonitas. Necesitamos banquetas donde la gente no se fracture, donde las personas mayores puedan seguir saliendo de casa y donde nadie tenga que caminar entre los automóviles arriesgándose a ser atropellado”, señaló Guillermo Bernal, urbanista y director de The Place Institute.
¿Cómo afectan las banquetas a las personas mayores?
Las condiciones del espacio peatonal adquieren especial importancia para las personas mayores. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2023, 19.6% de las personas de 60 años o más —aproximadamente 3.4 millones— reportó haber sufrido una caída durante el último año. De ellas, 32.1% buscó atención médica.
La misma encuesta registró alrededor de 551,000 personas mayores que reportaron alguna fractura durante ese periodo; sin embargo, los datos no permiten establecer que todas esas fracturas hayan sido consecuencia de una caída ni relacionarlas directamente con las condiciones de las banquetas.
Además de las posibles lesiones, el miedo a volver a caer puede modificar la vida cotidiana de las personas mayores. La ENSANUT señala que este temor puede llevarlas a limitar su movilidad y reducir su participación en actividades físicas y sociales.
Así, actividades cotidianas como ir al mercado, acudir a una consulta, caminar por un parque o visitar a familiares y amigos pueden volverse más difíciles.
La relación entre el entorno urbano y la movilidad también ha sido documentada internacionalmente. Un estudio realizado con casi 10,000 personas mayores encontró que quienes percibían problemas muy graves en las banquetas de su colonia tenían 65% más probabilidades de salir de su colonia menos de una vez por semana.
“Una banqueta rota no solamente aumenta el riesgo de caer, puede reducir el mundo cotidiano de una persona mayor hasta dejarlo limitado a su casa”, afirmó Bernal.
¿Qué deben tener las banquetas para garantizar movilidad?
El reto no se limita a reparar banquetas, ya que su diseño debe considerar las distintas formas de movilidad y las características de cada zona.
Un corredor comercial, una estación de transporte, una zona escolar o un parque concentran diferentes flujos peatonales y requieren recorridos continuos, espacios suficientes y superficies libres de obstáculos.
El Manual de Calles: Diseño vial para ciudades mexicanas establece un ancho mínimo de 1.20 metros para garantizar el paso continuo y recomienda hasta 2.10 metros en corredores con alta afluencia peatonal. Estas dimensiones facilitan el tránsito de peatones, personas usuarias de silla de ruedas, carriolas y otros apoyos para la movilidad.
Para The Place Institute, el desafío consiste en aplicar estos criterios de manera consistente en el diseño, mantenimiento y renovación de las calles. Más que considerar la banqueta como un elemento aislado, el objetivo es garantizar recorridos continuos y seguros para todas las personas, independientemente de su edad o forma de movilidad.




