De la eliminación shakespeariana de Alemania a la clasificación hitchcockiana de Argentina, casi la mitad de los partidos de la primera ronda del Mundial 2018 se han decidido en los últimos instantes. Una tendencia enrevesada.

La Mannschaft ilustra perfectamente el síndrome de los últimos minutos que sacude el Mundial. Pensó que podría salvarse tras derrotar a Suecia 2-1 jugando 10 contra 11, cuando Toni Kroos anotó (90+5) un fabuloso lanzamiento de falta, pero la suerte le dio la espalda contra Corea del Sur (2-0), con goles en el 90+3 y 90+6 en el último partido.

Veinticinco de los 120 goles anotados en este Mundial se hicieron después del minuto 85, una proporción mucho más grande que en el 2014 (15, de 136). En 20 partidos de los 48 de la fase de grupos hubo goles en este tiempo, mientras que en Brasil fueron 13.

Hasta ahora “estamos viendo una Copa del mundo excelente”, asegura Rudi García a la AFP. “Se juega y hay sorpresas”, agrega el entrenador del Olympique de Marsella.

“Aquellos que reciben goles en los últimos minutos lo hacen porque tienden a retroceder demasiado para preservar el resultado”, piensa García para explicar la tendencia de este Mundial.

Cita el ejemplo de los “suecos, que jugaban en superioridad numérica y concedieron un tiro libre cerca del área cuando bien podrían haber presionado arriba, ya que jugaban 11 contra 10, y así eliminar a los alemanes”.

“Los dedos de Dios”

El exasistente del entrenador japonés Jacky Bonnevay está “asombrado” por la cantidad de goles en el ocaso de los partidos. “Sucede cuando uno de los dos equipos se lo juega todo, porque no tiene otra opción”, explica.

El técnico cita el ejemplo del arquero alemán “Manuel Neuer, quien hace un esfuerzo para subir mientras deja a los defensores en su lugar, debería haberle dejado el balón a los jugadores mejores con el pie, como resultado pierde el balón” que provoca el gol del nocaut definitivo.

A diferencia de Francia, muchas selecciones consiguieron la clasificación para octavos en el tramo final del tercer partido, comenzando por Argentina, salvada por Marcos Rojo a los 86 contra Nigeria (2-1), el gol al que Diego Maradona bautizó como “los dedos de Dios”.