Moscú. En Marruecos los sueños comienzan al cruzar el estrecho de Gibraltar para llegar a Europa. Se calcula que hay casi 3 millones de personas que provienen del país africano repartidas en las principales ciudades del viejo continente. Es un fenómeno que comenzó en la década de los 80 y se le denomina lahrig, término que en árabe significa desafiar las prohibiciones y quemar los documentos de identidad.

En la concentración de la selección de Marruecos se hablan seis idiomas. El árabe, que es la lengua oficial del país, no lo dominan cinco seleccionados. Para ellos, la comunicación se realiza en inglés y francés; aunque hay jugadores que hablan español, holandés y una variación del mismo idioma que se habla en Bélgica.

Obligados por la migración de sus padres, 17 de los 23 futbolistas del equipo nacional nacieron fuera de las fronteras del país del norte de África. Algunos han jugado para las selecciones de Francia, Holanda y Canadá, pero la misión de regresar al país de sus raíces para defenderlo en un Mundial 20 años después es el gran logro de una generación que se formó fuera del continente negro.

“Esto nos va ayudar para tener experiencia para el futuro”, dice Munir El Kajoui, portero de Marruecos, país que al perder su segundo partido en el Mundial Rusia 2018 quedó oficialmente eliminado.

Munir nació en Melilla, España, una de las ciudades que moja el mar Mediterráneo y que más cercana está de Gibraltar, la frontera europea con el norte de África.

Al igual que el portero que juega para Numancia, Achraf Hakimi nació en una ciudad española, Madrid, y pasó toda su formación como futbolista en equipos de esa ciudad, primero Getafe y después Real Madrid.

La influencia cultural de sus lugares de nacimiento se refleja en el español que hablan.

“Estamos un poco jodidos por los resultados, pero estamos con la conciencia tranquila de haber dado todo en el campo”, señala Hakimi, luego de perder su segundo partido en Rusia.

Fouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación de Marruecos de Futbol, no sólo tuvo como proyecto de internacionalización la candidatura mundialista para el Mundial del 2026. Al llegar al cargo en el 2014, el equipo nacional no tenía entrenador, los jugadores que habitualmente estaban ya eran demasiado viejos o ya no querían jugar para la selección. Tuvo que conseguir un nuevo plantel y comenzó la búsqueda de futbolistas con raíces marroquíes.

Así encontró a los niños que en los años 90 crecieron en suburbios de ciudades francesas, como Mehdi Benatia, el capitán del equipo y jugador de la Juventus, que nació en Courcouronnes, una comunidad al este de París.

¿Cómo ayudó al crecimiento del futbol de Marruecos la calificación al Mundial?

Munir El Kajoui responde sobre la importancia, pues el equipo no lo logró en cuatro ediciones anteriores.

“La mayoría de nosotros jugó en Europa y el equipo ha demostrado un grandísimo nivel, que tiene orgullo, que puede competir contra cualquier equipo, contra la campeona de Europa y ha sido mejor, pero al final lo que cuenta es el resultado”, explica Munir El Kajoui.

Ésta es la generación de los migrantes, que tuvieron que dejar un país con disparidades económicas donde el PIB de España es casi 17 veces superior al marroquí, mientras que el de Italia es más de 32 veces más alto que en el país africano.

Los futbolistas marroquíes no regresarán a su continente, sus padres tampoco lo harán, ellos son parte de los movimientos migratorios que son una constante en Europa, son la generación del lahrig.

Multan a la FMF por el grito de “puto”

La Federación Mexicana de Futbol fue multada con poco más de 200 mil pesos por los gritos que la afición mexicana realizó en el despeje del portero rival el domingo anterior, en el duelo entre México y Alemania, y advirtió de castigos más fuertes en caso de continuar.

Esto por “cantos discriminatorios e insultantes durante la primera la mitad del partido de la Copa Mundial de la FIFA 2018 jugado entre Alemania y México”, confirmó el organismo mundial a través de un comunicado.