El estadio de Sochi para la Copa del Mundo es una estructura espectacular en la costa del Mar Negro, pero pocos residentes locales han estado dentro. De hecho, el Estadio Olímpico Fisht no ha albergado un solo partido en casi un año. Cuando Portugal y España se enfrenten allí el 15 de junio, será el primer partido en el estadio desde el 29 de junio del 2017, cuando Alemania venció a México 4-1 en la Copa Confederaciones.

Sochi ni siquiera tuvo un equipo profesional esta temporada y es un cementerio para clubes, con no menos de seis intentos fallidos para operar un equipo en la ciudad en los últimos 15 años. Pobres ingresos de taquilla y derechos de transmisión significan que la mayoría de los clubes rusos deben implorar por fondos del gobierno o desaparecer.

“Es una gran tragedia para Sochi, para muchas ciudades rusas sin un club de fútbol”, dijo el entrenador de equipos juveniles, Vladimir Lushin, del club Zhemchuzhina Sochi, que jugó en la primera división rusa en los 90 pero que no puede más costear un equipo profesional. “Los niños deben tener algo a lo que aspirar cuando practican deportes”.

Sochi fue la sede de las Olimpiadas de Invierno del 2014, pero está pasando trabajo para encontrar uso para su legado.

Aunque la infraestructura olímpica ha atraído a turistas rusos a sus playas en el verano y centros de esquí en el invierno, las instalaciones olímpicas no han montado una competición internacional en los últimos 12 meses.

El Fisht, de 48,000 asientos, no fue construido como instalación deportiva, sino para realizar las ceremonias de apertura y clausura de las olimpiadas. Ha realizado solamente siete partidos de fútbol hasta la fecha, apenas uno de ellos con un equipo local, cuando el FC Sochi jugó un encuentro de tercera división ante solamente 6,000 hinchas, poco antes de retirarse de la Liga.

Ahora hay otro intento de traer el fútbol de regreso a Sochi.

El multimillonario Boris Rotenberg, amigo de la infancia del presidente ruso Vladimir Putin, quiere mudar a Sochi su equipo Dynamo San Petersburgo para la nueva campaña de la segunda división.

Esa decisión pudiera ser recibida con furia en San Petersburgo y en Sochi, donde los residentes locales le dijeron a The Associated Press que les costaría trabajo apoyar un equipo importado de otro lado del país.