En Wimbledon la etiqueta luce eternamente. La solemnidad es todo , afirman quienes han estado en el torneo.

Además de la obligación de que los tenistas vistan de blanco y que a los varones se les nombra por su apellido y a las féminas como señorita o señora, el tercer Grand Slam del año no pierde pautas en vestimenta y conductas.

En cuanto a calendario, el evento comenzará seis semanas antes del primer lunes de agosto. A su vez, los participantes deben ser puntuales. De lo contrario, serán descalificados y la actividad del día no comenzará antes de la 1 de la tarde de Reino Unido.

Lo moderno o convencional no tiene cabida en Wimbledon, aquí triunfan la seriedad, las costumbres y el protocolo , asevera la comunicóloga Beatriz Gas Gozalbo, en el sitio vavel.com. A las reglas ya mencionadas, se añade la altura del césped (8 cm) y la poca publicidad en las canchas e instalaciones del club sede.

No puede dejarse de lado el comportamiento de los aficionados durante el juego: se les pide silencio absoluto, por lo que no deben celebrar dobles faltas y se restringe la presencia de niños en brazos. A los varones se les solicita no traer la camiseta fuera del pantalón.

Otras de las notables tradiciones en Wimbledon tiene que ver con la gastronomía. En las dos semanas de actividad, la gente disfruta de fresas con crema y champagne.

LA BLANCURA DE FEDERER

Si alguien desea imitar la blancura del atuendo del seis veces campeón de la justa, Roger Federer, deberá gastar unos 280 dólares, entre calzado (130), camiseta tipo polo (84), short (52) y banda en la cabeza (14).

Hay quien critica su clasicismo y, para muchos, prepotencia. Pero cuando cada final de junio el All England Tennis and Croquet Club abre sus puertas, millones de personas se rinden a la magia del torneo más antiguo del mundo , considera el periodista español Fernando M. Carreño.

diego.fragoso@eleconomista.mx