Cuando Olga Kaniskina marchaba, con ese meneo en sus caderas, rítmico, constante, nadie sospechaba que la rusa, que en unos minutos más se convertiría en campeona olímpica, escondía un secreto.

Una intensa lluvia predominaba en Beijing y la imagen de la atleta, de entonces 23 años, empapada en una mezcla de sudor y agua que se le metía a los aceitunados ojos, cautivó a muchos.

No había duda. Era la mejor y Rusia quería conseguir un segundo título, tal como lo había logrado ya su compatriota Valeri Borchin, oro en esos Juegos Olímpicos en los 50 kilómetros. Algo parecía estar claro: los rusos sabían marchar y lo hacían tan bien, que sorprendían incluso a sus propios rivales.

Kaniskina no tenía un talento natural. Todas sus victorias son el resultado del trabajo duro, perseverancia, sacrificio. Ella me sorprendió de entre todos mis alumnos por su seriedad y madurez , aseguraría unos años después Viktor Chegin, su entrenador.

Nadie sabía entonces -porque así lo decidió la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) que detrás de esos éxitos, de esas medallas, además del trabajo, la perseverancia, el sacrificio, había otro factor que muchos sospechaban, pero pocos se atrevían a decir... las armas rusas eran el dopaje y la complicidad de la IAAF para ocultarlo.

Esa había sido la clave para Kaniskina, Borchin y otros. Ahí radicaba la mayor parte de su grandeza.

Pero el secreto no podía ocultarse por siempre y por ello, en enero del 2015, en total 37 atletas fueron sancionados por irregularidades en sus pasaportes biológicos, 11 de ellos eran entrenados por Chegin.

En la lista estaba Olga, quien se había convertido en un modelo a seguir de los niños rusos, una campeona que no se quebraba bajo ninguna condición o circunstancia... ninguna, hasta que el dopaje la hizo caer.

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Dicen que el fenómeno ha sido una constante en la última década. Y que el escándalo seguirá haciendo caer a muchos atletas, otrora héroes, que hoy agachan la cabeza y se obligan, quizá con cierta resignación, a aceptar sus culpas, a cumplir sus castigos.

Las estadísticas abruman. De acuerdo con el primer informe de la Comisión Independiente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), una de cada tres medallas (incluidos 55 oros) logradas en la última década en los Juegos Olímpicos y en los campeonatos mundiales están bajo sospecha por uso de sustancias prohibidas, según un análisis de 12,000 pruebas de sangre de 5,000 atletas.

Peor aun. Si dentro de este universo nos enfocamos sólo en los marchistas rusos, del 2005 a la fecha, 16 títulos olímpicos o mundiales que han conseguido atletas de ese país en esta disciplina han sido ensombrecidos por el dopaje, ya sea porque sus atletas fueron sancionados o están bajo investigación.

Algunos, como Valeriy Borchin (campeón olímpico en Beijing 2008 y campeón mundial en el 2005, 2009 y 2011), cumplen castigos de suspensión que van de los dos años Borchin cumple una sanción de ocho años hasta condenas de por vida, como el caso de Vladimir Kanaikin, quien reincidió en consumo de EPO y no podrá volver a las competencias de élite jamás.

Y a todas estas sanciones se sumarán, seguramente, las que imponga la AMA a los casos destapados el año pasado por la Comisión Independiente.

Decir que los atletas rusos hicieron trampa no está más a debate.

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Al tiempo que el italiano Alex Schwazer cruzaba la meta en el estadio olímpico, toda su humanidad colapsó. Estalló en llanto. Solitario, bajo los agobiantes rayos del sol, lloriqueaba como un chiquillo. Había ganado el oro, lo había conseguido al dejar atrás a 60 competidores, entre ellos, al mexicano Horacio Nava.

Un par de años después, Schwazer daba positivo por EPO y era suspendido por tres años; hoy está a punto de concluir su sanción y piensa volver a competir en Río, pero su dopaje ha sembrado dudas en aquellos con quienes compitió.

Aún está fresco el recuerdo para el chihuahuense Nava, quien este ciclo busca llegar a sus terceros Juegos Olímpicos. En esos Juegos yo quedé sexto, pero de los que me ganaron, tres han salido dopados o con sospechas de dopaje y uno de ellos es ruso (Schwazer, el ruso Denis Nizhegorodov y el noruego Erik Tysse) , asegura.

De haberse encontrado algún resultado adverso a tiempo, el mexicano hubiera quedado en el cuarto puesto, apenas a un paso del podio olímpico.

Es algo lamentable, eso habla mal de la IAAF, el escándalo ruso destapó una cloaca. Es triste saber que antes no se daban a conocer los dopings , lamenta el marchista nacional.

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Cuando a Usain Bolt, el hombre más veloz del planeta, le hablan de la IAAF, el jamaicano no puede evitar sentirse decepcionado. Cuando escuché (acerca de eso) me quedé un poco en shock, porque pensé que estaban haciendo un buen trabajo para limpiar el deporte , dijo el velocista, después de lograr su sexto premio al deportista del año en su país. Uno se siente defraudado como atleta, porque en realidad queremos que se limpie el deporte , afirma.

Éste, al parecer, es un sentimiento compartido. Es muy triste para nosotros , expresa Nava. Uno entrena para dar lo mejor, y que se haya destapado todo esto deja un sabor amargo, porque el momento de gloria es ahí, en la competencia, ya si después quitan y reasignan medallas por dopaje, por supuesto que no es lo mismo .

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Ese día y muchos otros, hubo sospechas. Quizá siempre. No sólo por parte de los investigadores, sino de los atletas. Es que esos rusos, se ven impresionantes , asegura Nava.

Pero esas sospechas decían mucho más. Los resultados, la forma en la que llegaban, las recuperaciones que a veces tenían en la misma competencia, eran muy rápidas, incluso a veces hasta cómo se manejaban en la Villa Olímpica, como que todo era sospechoso, pero nadie decía nada , lamenta Nava.

Además, el papel de la IAAF es increíble , dice. Lo expresa porque al ser un atleta de alto rendimiento, considera que es difícil hacer trampa.

Desde que participó en los Juegos Olímpicos de China, Horacio está vigilado a diario. Cada tres meses debe llenar un formato en el que informe a la IAAF y a la AMA en dónde estará entrenando y si hay un antidoping sorpresa, debe presentarse en menos de una hora para realizarse el examen; si no lo hace, puede ser sancionado.

Por eso es increíble que el dopaje ruso se haya orquestado sin la complicidad de una institución, sin el cobijo de la IAAF.

¿Cómo sigues creyendo en tu deporte?

Es difícil. Que no vayan a estar los rusos en Río es un buen argumento. Creo que es algo justo, porque después de esto debe ser un castigo ejemplar.

Si pones el escándalo de Lance Armstrong en el ciclismo; ahora con los rusos, Lance se queda chiquito, porque lo de los rusos es algo descarado, antideportivo, no debe suceder en el deporte; (las sanciones) son algo justo, algo que merece el deporte . Y vaya que lo merece.

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La verdad, estamos motivados los atletas , dice Nava. Lo que ha pasado con el escándalo de la IAAF, con los rusos, con la AMA, con todos esos casos de atletas que se han destapado en la investigación de la Comisión Independiente, parece abrir un alentador panorama para los competidores y sus futuros eventos.

Vamos para Río. Nos motiva que van a ser unos JO bastante limpios; el que piensa en doparse yo creo que lo va a pensar dos veces, porque el deporte va a estar más vigilado.

Es un buen momento el que empieza a vivir el atletismo, porque el problema se estaba saliendo de control. Yo creo que Rusia se merece estar en esta situación , concluye el marchista mexicano.