La mañana del 1 de junio del 2008 en Cesano Maderno había poco sol y de a poco se fue nublando el día. No estaba el sol chillante de la costa del Mediterráneo ni tampoco el frío insoportable que suele haber en las montañas italianas. Aquel día Julio se alistaba para su última etapa que correría en el Giro de Italia, una de las tres vueltas ciclistas más importantes del mundo. Era una contrarreloj, nada que fuera su especialidad, lo suyo siempre había sido ser un escalador puro .

Las noticias ya no hablaban de él, los periódicos mexicanos apenas si le dedicaban algunas líneas en las breves y los espacios de televisión preferían hablar de la nueva sensación del ciclismo, el español Alberto Contador. Ese día Julio llegó en el sitio 141 de 142 a más de 5:38 minutos del ganador. La historia terminó así, pero no podemos contarla por el final, para hablar de él hay que irnos más atrás, porque ningún mexicano ha corrido más giros de Italia (nueve), nadie ha ganado un malliot de campeón en alguna de sus clasificaciones (fue rey de la montaña en el 2002 con su equipo Panaria-Fiordo), y para dimensionar su importancia hay que decir que este año la ronda italiana cumple 100 años y sólo ha habido 79 campeones de montaña, uno es Julio Alberto Pérez Cuapio.

Además del Giro corrió una Vuelta España. Ahora, nuestro campeón charló con El Economista sobre la importancia de la vuelta italiana, la dureza de sus montañas, las dificultades de ser ciclista, los sacrificios, los retos y el fantasma del dopaje.

En los últimos años se habla de que el Giro es mucho más demandante físicamente, incluso más que el Tour de Francia, ¿considera que es así?

Tienen características diferentes, sobre todo por las subidas, en el Giro podrás encontrar un porcentaje en las subidas mucho más impresionante, algunas hasta 15 o 18 por ciento. Sí, probablemente el Giro de Italia es un poco más fuerte que el Tour. Las subidas en Francia son más largas, las del Giro son más cortas, pero más duras. En mi caso, al ser un escalador más puro, mi equipo prefirió que yo fuera a Italia.

Algunos libros y documentales hablan de lo especial que son los fans del Giro, ¿qué los hace diferentes?, ¿qué de especial tienen?

Es una afición muy apasionada. En un recorrido, desde la salida, el traslado, la llegada, son miles de personas que están sobre el camino. Hay grupitos que te ponen una lona de motivación directa al deportista. Los fans italianos tienen el tiempo y lujo de ir a compartir un momento de esfuerzo, de sacrificios. Que te digan: Julio, nosotros somos tus fans y te trajimos una lona, estamos uniformados con el mismo color para que nos veas, vamos a estar apoyándote en la subida , es increíble.

¿Qué recuerdo tiene de una leyenda como Marco Pantani?

Para mí fue un gran deportista, tenía muchas cualidades. Lo atacaron psicológicamente, no se supo defender de la manera más correcta y cuando lo hacía era con imprudencia, psicológicamente fue lo que lo acabó.

Recuerdo que en una etapa del 2003, con llegada en el monte Zoncolán, Pantani atacó en el último kilómetro, estuvo a punto de ganar, si lo hubiera conseguido eso lo regresaba a los primeros planos, pero no ganó.

No tuvo las armas para demostrar que era un gran atleta, no por su capacidad, sino por otros detalles extradeportivos. La desmotivación influyó demasiado.

Fue campeón de la montaña en el Giro, ¿cree que la prensa, los aficionados y México fueron injustos con usted?

Yo no culpo a nadie, yo estaba en el extranjero los 11 meses que duraba la temporada, se me dificultaba para tener más imagen en el país. Para tener más presencia tienes que salir al menos una vez al mes en la prensa y yo no tenía tiempo para estar en televisión, radio o periódicos. Participaba en 100 carreras al año, algunas de ellas, como el Giro, formaban parte de una competencia, pero al final cada día era una carrera y el fin de año empezaba la pretemporada y no había tiempo para difundir lo que hacíamos.

Algunos especialistas dicen que ahora más que nunca en las grandes vueltas los gregarios son quienes determinan la victoria del líder, ¿así lo mira?

Las grandes vueltas se ganan con estrategias y no dependen únicamente de gregarios. Cuando estuve en el Giro y gané etapas en el del 2002, el equipo estaba incompleto por los temas de dopaje y algunos compañeros fueron expulsados. Todos los equipos se tienen que presentar con nueve ciclistas, éramos cuatro, yo no tenía gregarios porque dos de los cuatro ciclistas en el equipo eran sprinters, no tenían posibilidad de ayudarme.

Ganar en una gran vuelta sí requiere de gregarios, no somos máquinas, pero tampoco lo son los gregarios. El gregario se puede dar el lujo de llegar 20 minutos después del ganador, en cambio un capitán de equipo siempre tiene que estar al pendiente de estar en competencia y de que no se vaya uno de los ciclistas principales.

Le tocó la época donde empezaron a salir los casos de dopaje, los escándalos...

La UCI ha trabajado con el COI y con las agencias antidopaje en los últimos años y en cada ciclo siempre hay una novedad en la lista de sustancias prohibidas.

Cada año sale un nuevo medicamento que ya no puedes usar porque, de acuerdo con ellos, altera tus condiciones físicas para tu beneficio.

La diferencia con medicamentos que utiliza un ciclista considerados dopantes es únicamente si está sano y los ingiere, en cambio, en el deporte hemos llegado a utilizarlos porque los necesitamos. Un medicamento se puede utilizar muchas veces y no precisamente es con la intención de doparte, sino sanar de algo.

El problema es que si queda un residuo y se llega a documentar, eres considerado como positivo, aunque no lo hayas usado con la intención de tener una ventaja.

A veces los doctores la riegan porque te dicen que en una semana no tienes nada: toma muchos líquidos y así eliminas todo , pero puede presentarse una agencia antidopaje, te hace examen, sales positivo, y se puede acabar tu carrera.

Pero bueno, también están los que sí lo hacen para hacer trampa...

Lo más importante es tu disciplina, sin ella tienes que recibir ayuda de medicamentos.

Inclusive si un atleta llega a querer utilizar un doping, tiene que llevar una disciplina, pero debes saber que únicamente se causará daños físicos, son enfermedades y daños psicológicos.

En el ciclismo se sufre hasta con el hambre

Sólo pasta, verduras cocidas y pollo... y poco más. Ser ciclista profesional representa para ellos mismos una tortura. Tyler Hamilton, quien muchos años fue escudero de Lance Armstrong, relata en su libro Ganar a cualquier precio que los cuidados para rendir llegaban a tal extremo que solía contar los pasos que tenía que dar de su cuarto a la cocina para comer, no quería dar uno más. Parecía un señor de 80 años cuando todavía ni llegaba a los 30 , recordaba.

Julio Alberto nos lleva un poco más profundo, para ser ciclista no basta con entrenar, tienes que sacrificar tu vida personal, tienes que ver (quizás) que tu novia se va de antro con sus amigos y que no puedes ir y que si acaso decides escaparte debes saber que la pasarás muy mal, terrible al día siguiente que tengas que entrenar. Tienes que comer lo mismo siempre, no puedes excederte, lo que tú haces cualquier día, como comer un postre, ellos, no, es casi como si se comieran una bomba nuclear y que les estallará en el estómago si lo hacen.

El sufrimiento es casi como un mandamiento del ciclismo...

El sufrimiento va desde lo físico y moral hasta lo material. Los 11 meses que dura la temporada es disciplina y la mayor parte del tiempo es levantarse 8 o 9 de la mañana, regresar 3 o 4 de la tarde y no hay que hacer otra cosa más que dormir, llevar una alimentación muy estricta, sana, complementada con vitaminas.

Además, la cantidad de comida es baja, como deportistas debemos tener un hígado muy sano, no podemos comer picante, postres, alimentos condimentados, tiene uno que comer pasta blanca, arroz blanco, carne asada, verduras hervidas y aceite de oliva. Las porciones son muy medidas, muchos comentan que en el ciclismo hay que sufrir con el hambre. Si algún deportista joven tiene una novia y se va al antro, tú no puedes estar allá porque tienes que estar concentrado, nada de fiesta.

De hacerlo, sabes las consecuencias a las que te atienes: va uno a fallar en los resultados. Ese también es un sufrimiento moral. Se sufre en las caídas, se sufre con el clima.

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