Pamplona.- Vestidas de blanco y con el pañuelo rojo al cuello, miles de personas asistieron este viernes en el centro de Pamplona al tradicional "chupinazo", el petardo que da comienzo oficialmente a las fiestas de San Fermín, el acontecimiento taurino más famoso de España.

El grito de "¡Viva San Fermín!" en la Plaza Consistorial de la capital navarra dio inicio a mediodía a nueve días de fiesta recibidos entre el jolgorio y litros de cerveza y sangría.

"Esto es una locura, una locura total ¡Me encanta!", decía Louise Haley, una joven de 28 años con el pelo y la ropa cubiertos de vino que viajó desde Australia para la fiesta pamplonesa.

La celebración empezó pronto para algunos de los asistentes, muchos de ellos venidos del mundo entero, que esperaban por las estrechas calles de adoquines y las plazas de la ciudad con vasos llenos de alcohol y entonando canciones.

"Así debería ser el desayuno", decía John Moorse, un turista californiano de 26 años, junto a varios amigos sentados ante una mesa con un paquete de dónuts y una jarra de cerveza.

Los festejos, que surgieron en la Edad Media, incluyen procesiones religiosas, bailes tradicionales, conciertos y bebida durante todo el día. Los bares pueden estar abiertos hasta las 6 de la mañana.

Pero la actividad estrella son los encierros diarios, que cada mañana a partir de las 08H00 ponen a correr a cientos de personas a lo largo de 850 metros hasta la plaza de toros de la ciudad. El reto: no ser alcanzados por los seis toros de media tonelada y afilados cuernos que comparten el recorrido con ellos.

Los más valientes -o los más imprudentes- corren próximos al asta del toro, intentando en todo momento evitar las cornadas.

La primera jornada de la fiesta este viernes se vio empañada durante la llamada Marcha a Vísperas, que quedó suspendida a los pocos minutos de iniciarse por los incidentes en los que resultó herido un policía al recibir una botella en la cara.

CORNADAS, CAÍDA Y BLOQUEOS

El primer encierro, que normalmente es el más concurrido, está previsto el sábado 7 de julio.

Ander Goyoaga, un fontanero en paro de Bilbao que ya participó en seis encierros en años anteriores, planea repetir en esta ocasión.

"Es una sensación increíble, tu corazón empieza a latir más rápido. Cada vez digo que esta será la última, pero luego no resisto no hacerlo de nuevo", dijo.

Se considera que los encierros comenzaron a celebrarse cuando los carniceros acudían a la festividad de San Fermín corriendo delante del ganado.

Decenas de participantes resultan heridos cada año, aunque la mayoría de los daños no se producen por cornadas, sino por caídas, bloqueos, o por animales que pasan por encima de las personas que quedan en el suelo.

La última muerte tuvo lugar hace tres años, cuando un toro clavó sus cuernos a un español de 27 años en el cuello, el corazón y los pulmones.

Las autoridades de la ciudad prevén que alrededor de medio millón de personas acudan a la capital navarra, de 200.000 habitantes, hasta el 14 de julio, y que los festejos dejen más de 70 millones de euros este año.

"Vi las imágenes en la televisión y tenía que venir. Esta debe ser la fiesta más salvaje del mundo", contó el británico David Higgins, de 25 años, quien vino con tres amigos.

En 2011 participaron en total en los ocho encierros de San Fermín 20.500 personas, la mayoría hombres de entre 18 y 35 años, según el Ayuntamiento de Pamplona. Casi la mitad de los participantes eran de fuera de España, siendo Estados Unidos, Australia y Reino Unido los principales países de origen.

APR