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Capital Humano

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La IA sí destruye empleos (ya lo está haciendo)

Entre discursos optimistas y cifras inquietantes, la inteligencia artificial empieza a mostrar su verdadero impacto en el trabajo humano, con empleos que se transforman, otros que desaparecen y una creciente sensación de incertidumbre.

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Entre discursos optimistas y cifras inquietantes, la inteligencia artificial empieza a mostrar su verdadero impacto en el trabajo humano.FOTO: SHUTTERSTOCK.

Felipe Morales Fredes

Como consuelo o negación, en los últimos años hemos venido repitiendo un tipo de mantra para hacer frente a los avances de la inteligencia artificial en el entorno laboral. “La IA generará más empleos de los que destruirá” nos decimos, por más que hemos atestiguado cómo ésta comienza a realizar tareas cada vez más cotidianas a nuestro alrededor.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y diversos especialistas lo han reiterado, como en una especie de balance entre lo que se destruirá y lo que se creará con las nuevas aplicaciones de la IA, que esta tecnología será más benéfica que perjudicial para los empleos.

En su último informe sobre el impacto de la IA generativa en el mundo laboral, la OIT estima que 25% de los trabajos en el mundo están en riesgo de “transformarse” por el uso de estas herramientas, y habla de cómo son algunas tareas, no los puestos en general, las que son reemplazables.

Pero los empresarios tienen otra perspectiva.

De acuerdo con el estudio Cuatro futuros para el empleo en la nueva economía: IA y talento en 2030 publicado hace unos días por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), en el marco de su Reunión Anual 2026 en Davos, el 54.3% de los empresarios a nivel global prevé que la inteligencia artificial desplazará una gran cantidad de empleos. En contraste, sólo 23.5% considera que ésta creará muchos trabajos. La proporción es de dos a uno.

“La comunidad empresarial está dividida sobre el impacto de la IA” en el trabajo, reconoce el WEF en su análisis.

Los datos confirman las sospechas. Un análisis reciente de la Universidad de Stanford demostró que entre los empleos más expuestos a la IA, los trabajos de entrada para los jóvenes de entre 22 y 25 años disminuyeron ya un 16%, en promedio. Desarrollo de software, servicio al cliente y traducción son algunas de las actividades más afectadas.

“Nosotros trabajamos por meses en una serie de prompts para traducción de los libros y este año ya no tendremos traductores, sólo editores especializados para revisar el trabajo realizado con la IA”, me comentó un directivo de una editorial estadounidense con presencia en América Latina hace unos días.

La realidad es imparable.

Ante este contexto, el WEF plantea cuatro escenarios para la IA y el trabajo en el siguiente lustro:

  1. Progreso supercargado. Los avances exponenciales en IA redefinen industrias y modelos de negocio. La productividad y la innovación se disparan, mientras surgen nuevos empleos centrados en la coordinación de “agentes” de IA. Sin embargo, los marcos de ética y gobernanza no alcanzan el ritmo del cambio.
  2. Era del desplazamiento. La automatización avanza más rápido que la capacidad de la fuerza laboral para adaptarse. Las empresas recurren a la IA como solución inmediata, desplazando trabajadores antes de que los sistemas educativos puedan responder. La productividad crece, pero también el desempleo y la inestabilidad social.
  3. Economía copiloto. La adopción de la IA es gradual y se orienta a la colaboración humano-máquina. La integración es más pragmática y se enfoca en aumentar capacidades, no en sustituirlas. Los países que invirtieron temprano en capacitación digital y gobernanza tecnológica logran absorber mejor el cambio.
  4. Progreso estancado. El avance tecnológico continúa, pero la escasez de habilidades limita su potencial. Las ganancias se concentran en sectores con alta especialización, mientras las economías con menor preparación pierden competitividad. El resultado es desigualdad creciente y un crecimiento económico fragmentado.

El WEF advierte que, ante cualquiera de estos escenarios, las empresas deben alinear la adopción tecnológica con la formación de talento y fortalecer la gobernanza de datos. Invertir en colaboración humano-IA y anticipar los cambios en los perfiles laborales será clave para evitar que la transformación tecnológica amplíe las brechas sociales.

Lo que hagamos hoy –y con carácter urgente– definirá si la inteligencia artificial se convierte en aliada del trabajo humano o en su sustituto más eficiente.

Felipe Morales Fredes

Periodista. Actualmente es el editor de El Economista online. Entre 2019 y 2023 coordinó Capital Humano en sus versiones en línea e impresa. Tiene una especialización en periodismo de finanzas y negocios, y en periodismo de datos. Conductor de Redacción 458, un videopodcast semanal de información de actualidad, y co-conductor del podcast Coffee Break, sobre temas del mundo del trabajo.

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