Lectura6:00 min
Tianguis Turístico 2026: Carlos Gaytán abre Teté en Acapulco, el restaurante inspirado en su madre

En el primer día de actividades del Tianguis Turístico 2026, el chef Carlos Gaytán abrió Teté dentro de Princess Mundo Imperial. El restaurante lleva el nombre de su madre y marca el regreso a Guerrero del primer mexicano en obtener una estrella Michelin.
El chef Carlos Gaytán abrió Teté en Acapulco con su familia sentada cerca. Estaban su madre, Doña Teté; su padre; sus primos; los suyos. La escena no fue un gesto protocolario, sino el resultado de un restaurante que lleva el nombre de su madre y que, desde las paredes, deja ver escenas de Guerrero, como viejas postales detenidas en el tiempo.
Allí está una parte de su discurso, el pueblo donde comenzó su memoria culinaria, la casa donde aprendió a mirar la mesa y las recetas que hoy regresan a Acapulco con técnica, oficio y nombre propio.
Te puede interesar
La apertura ocurrió en el marco del primer día de actividades del Tianguis Turístico 2026, en Acapulco, y por eso la cena tuvo una lectura más amplia. Teté no se presentó solo como un nuevo restaurante dentro de Princess Mundo Imperial, sino como una apuesta del grupo por colocar la gastronomía mexicana en el centro de la experiencia hotelera.

Invitados a la apertura de Teté en Princess, Mundo Imperial
Y qué mejor manera de hacerlo que con un chef guerrerense, nacido en Huitzuco, que vuelve a su estado después de haber hecho historia como el primer mexicano en obtener una estrella Michelin para un restaurante.
A la cena asistieron figuras de la gastronomía, la hospitalidad y el turismo, entre ellas Eduardo Palazuelos y su madre, Susana Palazuelos; Michelle Fridman, secretaria de Turismo de Jalisco; y Jack Sourasky, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados en la Ciudad de México. Sin embargo, el centro de la noche no estuvo únicamente en la lista de invitados, sino en una presencia más íntima: la de Doña Teté, la madre que inspiró el restaurante y cuyas recetas siguen funcionando como punto de partida para entender la cocina de Carlos Gaytán.
Un regreso a Guerrero
Para Carlos Gaytán, Teté no es una apertura más. Durante la cena habló de Guerrero desde un lugar más personal: "Para mí es un día muy especial, soy guerrerense, gracias a Dios, es una bendición", dijo. Después recordó que salir de su pueblo le permitió aprender en otros lugares, pero que la base venía de casa: "De casa me llevé muchos valores, de casa me llevé muchos recuerdos, de casa me llevé esos momentos increíbles que yo quería compartir desde el primer día con mucha gente que no conocía".
De casa me llevé muchos valores, de casa me llevé muchos recuerdos, de casa me llevé esos momentos increíbles que yo quería compartir desde el primer día con mucha gente que no conocía".

Chef Carlos Gaytán con su padre
Y es que Teté no intenta representar Guerrero como postal gastronómica, sino como una forma de memoria activa: la mesa familiar, las recetas que se heredan sin necesidad de nombrarse como legado, el sabor que se reconoce antes de explicarse y una cocina que regresa al origen sin perder técnica.
Dentro de Princess Mundo Imperial, el proyecto también habla de una decisión hotelera. Acapulco no solo recibe un restaurante encabezado por un chef reconocido internacionalmente; recibe una propuesta que conecta con el propio territorio. Para los huéspedes del hotel, Teté suma una experiencia gastronómica nacional con raíz local, construida desde la historia de un cocinero guerrerense que vuelve a su estado con un proyecto profundamente personal.
La madre como punto de partida
"Obviamente es un homenaje a mi madre este restaurante". Después explicó una escena de casa que ayuda a entender el concepto. Cada vez que vuelve, su hermano arma la mesa con rapidez y su madre coloca "cuatro o cinco cosas" para compartir. En esa imagen está la estructura del restaurante: platos pensados para circular, sabores que se prueban entre varios y una cocina que no necesita solemnidad para tener profundidad.

Chef Carlos Gaytán y su mamá
Por eso el punto de partida de Teté está en una mesa familiar de Huitzuco. El restaurante toma esa memoria y la lleva a un comedor de hotel, pero sin convertirla en show: la trabaja con técnica, con producto y con una lectura contemporánea de la cocina mexicana.
Lo que se puede esperar de Teté
El menú de apertura también mostró esa mezcla entre Acapulco, Guerrero y memoria familiar. La cena incluyó una torre de mariscos con pulpo, camarón, atún, aguacate y salsa de tamarindo; una ensalada César reinterpretada con aderezo de ajonjolí, alga nori, amaranto y queso de Huitzuco; dátiles rellenos de chorizo, tocino y almendras; y pulpo enamorado con salsa macha y ensalada encurtida.
El recorrido siguió con cochinita pibil de Teté, marinada y cocida en hoja de plátano, servida con frijoles negros, cebolla morada encurtida y tortillas de maíz, una receta especial de su madre. También se sirvió pescado a la talla con salsa de guajillo y fideos en tinta de calamar; chile relleno capeado con calabacitas estilo Guerrero y salsa cremosa de tomatillo; y, al final, chilate convertido en postre, con cacao, chocolate de metate, bizcocho de especias y espuma de horchata.

Torre de mariscos
La cena permitió entender el lenguaje del restaurante: productos del mar por su ubicación en Acapulco, guiños a Huitzuco, ingredientes reconocibles de la cocina guerrerense y preparaciones familiares llevadas a un formato más trabajado.
La receta de cochinita que todavía pasa por casa
Uno de los momentos más reveladores de la noche ocurrió alrededor de la cochinita. Al preguntarle a la madre del chef si esa receta era completamente de Gaytán, la conversación abrió el verdadero origen del plato. La receta de Doña Teté lleva almendras, chile guajillo, ajo, pimienta, comino, hoja de aguacate y un ingrediente decisivo: vinagre de piña hecho en casa, con una fermentación de 30 días.
El vinagre de piña no es un detalle menor, es una preparación que exige espera, práctica y memoria. En esa fermentación de 30 días hay un conocimiento doméstico que pocas veces ocupa el primer plano, aunque sostenga buena parte del sabor final.
Después de enumerar los ingredientes, Gaytán bromeó frente a su madre: "¿Lo hice bien o no? ¿Segura? Ya pasé el examen". La escena resume el corazón de Teté: incluso el chef que hizo historia en Michelin sigue midiendo una parte de su cocina frente a la mirada de quien le enseñó a reconocer el sabor correcto.

Cochinita estilo Teté
Una cena en el marco del Tianguis Turístico 2026
La cena reunió a cocineros, hotelería, turismo e industria restaurantera en un mismo espacio. Esa mezcla reforzó el mensaje de Princess Mundo Imperial: la experiencia del huésped ya no se construye solo con habitaciones, playa o infraestructura, sino también con mesas capaces de contar una historia del destino.
En ese sentido, Teté llega como una apuesta estratégica y personal a la vez. Estratégica, porque fortalece la oferta gastronómica del hotel en un momento de alta visibilidad para Acapulco. Personal, porque el restaurante no podría entenderse sin Doña Teté, sin Huitzuco y sin ese regreso de Carlos Gaytán a Guerrero.
"Para mí es llegar a mi tierra, sembrar una semillita y compartir con el mundo lo que nos gusta hacer".
Esa semilla tiene nombre de madre. Teté no se apoya solo en la biografía de Carlos Gaytán ni en el reconocimiento Michelin. Su fuerza está en convertir una memoria familiar en restaurante, una receta de casa en experiencia hotelera y un regreso a Guerrero en una nueva mesa para Acapulco.



