Viajar es tener fiebre , esa es la primera oración que podemos leer en la nueva novela del escritor mexicano Sergio González Rodríguez, "Infecciosa", en la que reflexiona en torno de la experiencia del viaje en la época contemporánea, una experiencia delirante, incluso parecida al sueño, de tal manera que cuando somos viajeros o turistas en otros países y estamos descentrados de nuestro lugar de origen nos convertimos en entes fantasmales.

El viaje es una experiencia entre el delirio y la lucidez porque estás sujeto a un bombardeo de estímulos muy fuerte y de hecho la misma experiencia de viajar lo saca a uno de una cotidianidad y uno se va despersonalizando, se vuelve un ser anónimo fantasmal, en una ciudad, flotando; además es vertiginoso desde que lo anticipas desde que usas el Google Earth a trazar tus mapas mentales de los recorridos que pretendes realizar; esa es la experiencia que yo quería reflejar , apunta.

Una novela de horror

En su novela Infecciosa hilvana de manera nada ortodoxa una narrativa delirante en la que diversas presencias fantasmales refulgen en cada capítulo por su inconsistencia y se comunican entre ellas gracias a la mediación del dolor humano.

Es una novela vinculada a la fantasmagoría del mundo contemporáneo, va dándose como una experiencia de contagio: un viajero con sus sueños contagia a otros , dice el escritor.

Y ese viaje se vive también como un desplazamiento de lo corpóreo a lo inmaterial, de tal forma que la novela se convierte en una narrativa confusa que hay que leer con paciencia. Cada capítulo nos presenta a un personaje del que sólo encontramos pistas para entender su lugar en la totalidad de la obra, personajes que están en diferentes ciudades pero que guardan relación con el personaje que abre la historia, pero más que personajes se trata de ventanas que los comunican más allá de un espacio y tiempo concreto y es en esa ambigüedad y en esas presencias figurantes donde Sergio González representa la experiencia presente y a la vez ajena e invisible del viajero posmoderno.

Se trata, pues, de una de las novelas mexicanas actuales más atrevidas por su experimentación lúdica y al mismo tiempo crítica, del tipo de narrativa que, como el dice: es muy flexible, muy proteica, móvil, como la propia realidad que estamos viviendo .

Si hay The Doors, ¿por qué no Las Ventanas?

Sergio González Rodríguez usa lentes y estos son el primer marco desde el cual indaga en el mundo como detective, son su primer instrumento de inspección, su primera ventana al mundo, al espacio, a la vida y a la creación literaria.

La ventana es muy reveladora de los tiempos actuales, es un instrumento y a la vez es una forma de estar en el mundo, hay mucha gente que le gusta ver a través de la venta y se pasan horas ahí aunque no pasee nada. Es la necesidad de sentir algo que te dé estructura frente al caos externo , apunta.

Fuera seriedad y en lo anecdótico las ventanas tienen también su sitio: este hombre de poco más de 50 años con bigote de Pedro Infante, que viste chamarras de cuero, pantalones de mezclilla y zapatos, que deja su breve cabello al aire y que en apariencia luce inofensivo pese a ser un escrutador implacable de su sociedad, en su juventud en los 70 y 80 fue bajista eléctrico de una banda de rock llamada Las ventanas: Si en EU tenían sus The Doors, ¿por qué no en México iba a haber Las ventanas? , se pregunta.

Si yo hubiera podido hubiera seguido tocando rock, pero volveré , advierte y mientras sigue rockeando a su manera, desde el lado de la literatura y del delirio.

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