Contar cultura es un desafío de máscara contra cabellera. De rudos contra técnicos. La firma PwC estima que, en el 2016, lo que llaman Industria del entretenimiento y medios generó en México alrededor 415,000 millones de pesos. En tanto, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la actualización de la Cuenta Satélite de Cultura al 2014, situó la aportación al PIB en 2.8%, un flujo de 450,000 millones de pesos a precios básicos; un monto en oferta y utilización de bienes y servicios culturales de 694,000 millones y un gasto cultural de 549,000 millones de pesos. Tres marcas en el radar oficial del sector.

La PwC tiene como insumo el Global Entertainment and Media Outlook 2016-2020. No revelan sus entrañas, pero desagregan al menos 15 variables de los negocios de la industria. Desde la delimitación básica de la economía cultural, toda ellas comprometen un insumo fundamental en el sector: la creatividad y su mediación. Agrego otro: la protección legal. Uno más: los valores simbólicos, el despliegue social. Entre las actividades que más aportan a los ingresos están acceso a Internet, con 138,000 millones de pesos; televisión y video con 87,000 millones; publicidad en TV con 41,000 millones y periódicos con 23,000 millones.

Destaca PwC los libros y el cine con poco más de 15,000 millones de pesos cada uno; videojuegos con 11,000 millones; radio con 10,000 millones; revistas con 9,000 millones; música con 7,000 millones y conciertos con 4,000 millones de pesos. La industria, según PwC, sumó 22,800 millones de dólares. Por adicionar valores a mi cuento, según informes de la revista Expansión, en el 2015 el valor de la inversión en comunicación y marketing fue de 170,000 millones de pesos. Todo el segmento de publicidad sumó 80,000 millones. Por su parte,?Televisa informó a El Economista?en febrero pasado que sus ventas en el 2016 las estimó en 89,000 millones de pesos.

En efecto, es todo un cuento. Una compleja coreografía numérica. Es evidente que la Cuenta Satélite tiene una metodología y no permite comparaciones a rajatabla. Pero en estas cuentas se hacen más evidentes los asegunes de las fronteras conceptuales y técnicas. Tenemos un cóctel que compromete el insumo creativo en franjas de entretenimiento, cultura, esparcimiento, recreación. El mix se hace presente en el sector delineado por el Inegi, tanto como en la visión de PwC, de Expansión y de Televisa.

De 450,000 millones de pesos que consigna al 2014 la Cuenta Satélite de Cultura, atribuye 15.2% a los medios audiovisuales, es decir, alrededor de 66,000 millones de pesos. La comparación sirve para ampliar las dudas ¿qué se debe contar y qué no como parte de un sector como el de cultura? Agreguemos como respuesta que, a la luz del Inegi, para efectos de distribución del PIB, las actividades de artes plásticas y fotografía (0.7%), música y conciertos (0.9%), libro, impresos y prensa (6.6%) y de artes escénicas y espectáculos (6.9%), dan 15.1%, un punto menos que los medios audiovisuales. En abundancia, las artesanías y juguetes tradicionales aportaron 20.3%, en tanto lo que Inegi designa gestión pública en actividades culturales (gasto público) dio 3.7 por ciento. La composición no deja de ser extraña.

Para PwC, la Tasa de Crecimiento Anual Compuesto de la industria fue de 5.1% en ese 2016, mientras que el PIB cultural ha oscilado entre el 2008 y el 2014 entre 2.7 y 2.8% (de 326,000 millones de pesos a 450,000 millones). Por otro lado, al repasar el PIB nacional, en este sexenio ha ido de 1.36% en el 2013 al 2.30 del 2016. Así las cosas, el denominado sector cultural sostiene un ritmo, no cae, crece discretamente. Tampoco se contrae el de la industria del entretenimiento.

No pocos podrán darse satisfechos. El tutifruti da buenas cuentas y cuentos. Muchos rounds. Cada quien sus números hasta que entiendan que es mejor ponerse de acuerdo. Necesitamos que se cuente de nuevo.